Sonrisas donde hay lágrimas es el lema de Payasos sin Fronteras y la actitud que consiguieron despertar el pasado domingo entre los niños ingresados en el Hospital Príncipe de Asturias. Seis voluntarios alcalaínos visitaron la planta cuarta acompañados por un personaje muy especial para los más pequeños: Papá Noel. Cargados con un saco repleto de regalos, llenaron las habitaciones de alegría y villancicos.
“Este año las visitas son individualizadas porque generalmente son las empresas las que nos donan los regalos, pero con el tema de la crisis hemos sido nosotros quienes hemos decidido poner un fondo para comprarlos ya que no nos han podido dar nada. Por esto, creemos que es muy bonito ver cómo reciben los regalos que hemos traído especialmente para ellos además de poder dedicarle a cada paciente un rato íntimo”, explicó Yolanda Torrego, una de las voluntarias.
Caracterizados con narices rojas, pelucas e incluso batas blancas, “para hacer la figura del médico más cercana a los niños”, los payasos, en su mayoría profesores de educación infantil o artistas profesionales, ofrecieron un espectáculo común para todos los pequeños antes de empezar las visitas por las habitaciones para que fueran familiarizándose con ellos. “Es una tarea algo difícil porque algunos se asustan y otros están tan malitos que no tienen ganas, pero luego siempre acaban animándose todos”, aseguró Yolanda. Pero no sólo para los niños está pensado su espectáculo, sino también para los padres. “Ellos están aquí también muchas horas y lo pasan mal”.
Lo cierto es que tanto los pacientes como los familiares acogieron a estos visitantes como un soplo de aire fresco. Martina Castro, de dos años, fue una de las primeras en recibirlos. Llevaba cinco días ingresada pero la visita de los payasos le hizo esbozar una de sus más tiernas sonrisas. Se animó a cantar villancicos con ellos e incluso le dió un beso a varios de los payasos. El libro de pegatinas y la pizarra mágica para dibujar que le dio Papá Noel hizo que se olvidara por unas horas de donde estaba.
Y de la misma manera le ocurrió a Guiomar Pérez, de 11 años. Aunque reconoció que esto a ella ya le pillaba “un poco mayor”, no pudo evitar emocionarse con el libro de pegatinas que le regalaron. “Han dado justo en el clavo, porque es algo que le encanta”, dijo su madre muy contenta. Ingresada desde el pasado día 15, destacó que la estancia en el hospital es muy aburrida y que esto servía para romper la rutina.
Y de esta manera, Gloria, Paqui, Álvaro, Yolanda, Leo, Sonia y Rubén (estos dos últimos miembros de AECEVAE), continuaron su visita a los 25 niños ingresados.
L. Arribas |