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"Todo el mundo busca un Grial, algo que nos haga mejores"
Redacción - viernes 10 de diciembre de 2010 a las 00:20 horas
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La ganadora del premio Cervantes asegura que no dejará de escribir porque "la literatura es mi vida; sin ella hace mucho tiempo que no estaría aquí".

 

El Cervantes se acordó al fin de Ana María Matute el pasado 24 de noviembre, convirtiéndose en la tercera mujer, tras María Zambrano y Dulce María Loynaz, en conquistar el ‘Nobel’ de las letras españolas . Y desde entonces, la escritora barcelonesa, una de las decanas de nuestras letras, vive en un permanente “estado de alegría”. Considerada una de las voces narrativas más importantes de la literatura española del siglo XX, Matute afirma que seguirá siendo fiel a su compromiso con la literatura; una tabla de salvación a lo largo de su existencia, como confiesa varias veces a lo largo de esta entrevista.


Transcurren algunos minutos desde que han descolgado el teléfono en la casa de Ana María Matute en Barcelona. “Llama usted para la entrevista, ¿verdad? No se retire. Enseguida se pone”, saluda Juan Pablo, el hijo de la escritora, que en estos días se ocupa de gestionar su apretada agenda de citas con la prensa. No se dan largas ni se ponen cortapisas a nadie; la única condición es paciencia para esperar un hueco en los turnos de entrevistas... y ponerle energía a la voz. “Buenas tardes, ¿cómo está usted? Antes de nada, sepa que estoy cada vez más sorda y que necesito que me hable alto y despacio”, contesta sin remilgos la ganadora del Cervantes un rato de silencio después. Comprobado el tono justo (“así, así le oigo perfectamente, ¿y usted a mí?”), discurre la conversación sobre una vida entregada al oficio de escribir, salpicada de sencillez, de anécdotas y de humor, pero también de algunos guiños sombríos. Justo lo que se espera de una mujer de 85 años; y lo que no se espera tanto del mundo literario, tan poblado de pavos reales.

–¿Sigue estallando aún de felicidad?


–Sí, es verdad, sigo muy contenta y muy feliz con mi premio. Yo ya no lo esperaba, así que la alegría es todavía más grande.


–¿Le ha dado tiempo a descansar tras el ajetreo de los últimos días?


–Pues no mucho. Han sido días muy cansados. No he parado. Desde antes incluso de que me concedieran el premio. Como acabo de sacar un libro [La recopilación de cuentos La Puerta de la Luna], he tenido compromisos hasta los sábados. Pero todo eso no importa, porque ya se sabe que va con el trabajo de una.


–Volverá usted a Alcalá la próxima primavera para recoger su premio. ¿Qué recuerdos tiene de la ciudad?


–He estado muchas veces y tengo muy buenos recuerdos, aunque se me hacen un lío en la cabeza con todo lo que he vivido en estos días, ¿comprende? He estado en la Universidad, he participado en algunos actos y también el Ayuntamiento me organizó un homenaje. También mi hijo tiene muy buenos amigos allí, así que es una ciudad muy querida por mí.


–En aquel homenaje [la entrega del Premio Ciudad de Alcalá de las Artes y las Letras en octubre de 2001], dijo usted que admiraba a los caballeros de la Tabla Redonda y que, como ellos, también buscaba el Santo Grial. ¿Lo ha encontrado ya o sigue buscando?


–Ah, sí. Bueno, nunca se para de buscar. Supongo que todo el mundo, a su modo, busca su Grial. Incluso alguno que sin saberlo del todo lo busca igual. La vida siempre es la persecución de un ideal, de un sueño, que nos haga mejores. Y yo creo que nadie, absolutamente nadie, renuncia a eso.


–Usted lo persigue a través de la escritura...


–Lo intento. Yo no dejo de escribir. Acabo de sacar un libro, aunque es una recopilación de los cuentos de toda de mi vida. Pero no hace ni dos  años saqué Paraíso inhabitado. Y ahora estoy preparando otro que empezaré a escribir pasadas las fiestas. Mientras pueda y tenga fuerzas, seguiré escribiendo. Después de los seres queridos, es lo que más me importa en este mundo.


–¿Y qué le sigue inspirando para ponerse frente a la máquina de escribir?


–Pues me mueve lo mismo que me ha movido a lo largo de toda mi vida. Yo escribo cuentos desde que era muy pequeñita, ¿sabe? A mí me inspira fundamentalmente la vida misma, como a todo escritor. Pero no solo la vida en sí, sino la forma en que yo la veo. Los intereses, los anhelos, las ilusiones que yo tengo, pero también los desengaños y los sinsabores. Mire, a veces un cuento o una novela surgen de una manera inesperada e increíble, de una frase, de un gesto, de un instante, que despierta, sin que casi te des cuenta, una curiosidad y un interés por contar una historia. Y entonces buscas los personajes, el ambiente, la trama para desarrollarla. Esa es una forma de inspirarse. Pero hay otras muchas.  Cuando te dedicas a escribir la inspiración está en todas partes.


–Sigue escribiendo, pero ¿sigue dibujando?


–Me encantaría pero eso me cuesta más por la artrosis en las manos. Tengo los huesos muy mal. Aunque de cuando en cuando hago alguna cosita pero para mí, para divertirme. Como un pasatiempo.


–Ha hablado usted de desengaños. Ha sufrido muchos a lo largo de su vida. ¿Se escribe mejor desde el dolor o desde el rencor?


–He sufrido como todo el mundo, supongo. Y el dolor puede ser más llamativo que la felicidad. Pero no se escribe mejor con rencor, no. Soy incapaz de dos cosas: de sentir rencor y de sentir odio. Ahora, me acuerdo perfectamente de las cosas y de la gente que me han hecho daño o que se lo han hecho a las personas que quiero.


–No olvida.


–Mire, no olvido, pero sobre todo no perdono. Pero no perdono con ausencia total de odio y de rencor.  Especialmente cuando hacen daño a las personas más queridas por mí, como puede ser mi hijo. Fíjese, tolero menos eso, que vayan contra la gente a la que amo, que contra mí. Eso no puedo perdonarlo, me afecta mucho. De algún modo, la escritura me ha ayudado a sobrellevar el dolor.  Yo creo que si no hubiera podido inventarme mis propias historias, participar en el mundo de los cuentos, no estaría viva;  no estaría aquí desde hace mucho tiempo.


–Seguro que estará harta de que le pregunten por el discurso de recepción del premio Cervantes. Así que no se lo preguntaré, a menos que usted quiera adelantarnos algo.


–Ay, eso ya me trae de cabeza. Es lo que me da más miedo. Yo no estoy muy preparada para hacer discursos. Yo recuerdo cuando tuve que hacer el discurso de ingreso en la Academia de la Lengua que me costó muchísimo. Madre mía, lo que me costó. Luego me dijeron que me había quedado muy bien, pero no sé si fue para que me quedara tranquila (risas). Ahora ya estoy madurándolo y madurándolo y en cuanto lo tenga un poco claro, empezaré a escribirlo. ¡A ver si acierto! (risas).

 

–Todos los premiados suelen centrar el discurso en la obra y la vida de Cervantes...


–No creo que haga algo en mi discurso que tenga relación directa con Cervantes o El Quijote. Se ha dicho y se ha escrito tanto que no creo que yo pueda aportar algo de interés. Además, mi relación con El Quijote es más sentimental que literaria, aunque lo admiro muchísimo como libro. Cervantes se adelantó a todo y a todos con él.


–Ha confesado usted que lloró mucho cuando lo leyó por primera vez.


–Lloré una barbaridad cuando leí por primera vez la muerte de Don Quijote. Era muy joven, me dolió mucho la muerte de un personaje con el que me identifiqué. Yo creo que es la primera vez que he llorado con un libro. Aunque también me reí mucho, no crea.


–Volviendo al discurso, ha dicho, además, que le da mucho miedo leerlo, cuando usted es una conversadora y una contadora fantástica. 


–Pero es que una cosa es contar un cuento o una historia en petit comité y otra muy distinta ponerse  a  leer en voz alta y para mucha gente. Claro que tengo la experiencia de la Academia, y eso supongo que me ayudará. Pero siempre impone mucho.


–Pues haga como si estuviera contando un cuento. 


–No es mala idea, pero no puede ser. Estará el Rey y mucha gente importante. No puedo defraudar. Sobre todo por el cariño que he recibido de tanta gente. Mucha, mucha gente. Gente que ni yo me podía imaginar, y que se ha alegrado sinceramente por mí. Por eso estoy tan contenta y tengo tantos ánimos para controlar el miedo que me produce.


–Contarle cuentos a los niños, asegura, es una de las cosas que más le gustan. ¿Lo sigue haciendo?


–Menos que antes, pero es verdad que me gusta muchísimo contarles cuentos a los niños. Cuando vivía en Sitges, todas las tardes venían grupos de niños a mi casa para que les contara cuentos. Y yo disfrutaba tanto o más que ellos. Me encantan los niños y me encanta tratarles como las personas que son, con su propio universo.


–Advierten algunos especialistas que el hábito de la lectura podrá  reducirse, hasta casi perderse, por las nuevas tecnologías; pero que el gusto por la oralidad, por escuchar a alguien contar historias, jamás se perderá. ¿Usted también lo piensa así?


–Desde luego que sí. Es muy importante que un niño aprenda a escuchar historias. Yo empecé escuchando cuentos, luego me aficioné a leerlos y por último me lancé a escribir. Cuando me leían o contaban un cuento, era un permanente descubrimiento. Es una experiencia única porque florecen tus sentidos y tu entendimiento casi al ritmo de las palabras. Algo parecido ocurre, creo, con el teatro, las marionetas o el circo. Son espectáculos tan cercanos, tan próximos a las sensaciones de cada uno, tan irrepetibles, que abren el mundo a los niños. Yo creo que la palabra es lo más hermoso que se ha creado, lo más valioso que poseen los seres humanos.


–¿Y qué papel juega la fantasía?


–Pues tiene un papel fundamental, claro está. Yo creo que la imaginación y la fantasía son muy importantes no solo para los cuentos y para la literatura, sino para vivir y para sobrevivir. Forman parte de la realidad de todas las personas.


–Le espera un buen ‘maratón’ de actos y compromisos de aquí al mes de abril. ¿Cómo se ve usted? ¿Le agobia todo lo que le viene encima?


–Yo estoy bien. Mientras Dios me dé salud, no hay problema. Lo malo de mí son mis huesos, que parecen de cristal. Tengo que ir en silla de ruedas o con la ayuda de un bastón, eso sí. Pero confío en que todo el mundo se hará cargo.


–El premio Cervantes es el broche de oro a toda su trayectoria, ha declarado usted en los últimos días. Pero no habrá perdido el interés por el Nobel...


–Ande, no, eso ya ni se piensa (risas). Por favor. Fíjese, las personas que me lo querían dar ya se han muerto (risas).


–Seguro que habrá quien tome el relevo.


–No sé. Yo estoy satisfecha con lo que tengo. Además, ya me queda poco. Tengo 85 años. Son muchos. 


–Y desde los cinco escribiendo. 


–Pues sí.


–Usted sí que puede presumir de carrera.


–Sí. Olímpica (risas).

 

Pedro P. Hinojos


Comentarios Sociales



Comentarios
El Nebri
viernes 10 de diciembre de 2010 a las 12:34 horas
Me ha parecido genial la entrevista con la Matute. Rebosa sinceridad, pero sobre todo ese apasionado amor por la literatura que nos ha venido demostrando durante toda su vida. Una vez más Cervantes debe sentirse orgulloso cuando se galardona en su nombre a los grandes fabuladores de este siglo: Marsé, Vargas Llosa, Onetti... y toda esa larga y enriquecedora lista a la que hasta ahora faltaba incluir, para hacer justicia, a la gran dama del cuento. Gracias Ana María Matute por tu vitalidad, gracias al entrevistador por haber logrado sacar lo mejor de ella. Ahora somos los lectores los que deberíamos celebrar el Premio de la mejor manera que se puede: leyendo sus libros.
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