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Las ‘Matutes’ de Alcalá
Redacción - viernes 3 de diciembre de 2010 a las 20:38 horas
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Algunas no llegaron ni a pisar la escuela cuando eran niñas y otras la dejaron muy pronto para ponerse a trabajar.

 

 Ahora, más de medio siglo después, han vuelto a las clases para recuperar el tiempo perdido y todas están unidas por la misma pasión: las letras. Libros de cocina, poesía y autobiografías son algunos de los proyectos que un día dejaron arrinconados para cuidar de sus hijos y sus maridos. 


“Me hubiera encantado escribir un libro de poesía”, dice Concepción Díaz, de 75 años, mientras saca un papel con unos versos escritos por ella misma. Dejó el colegio a los 12 años para ponerse a trabajar y hasta los 58 no volvió a las aulas. Ahora, como alumna de la Escuela Municipal de Adultos, asegura que ya comprende los textos cuando los lee, algo de lo que antes era incapaz. “Me hubiera gustado saber escribir antes y haberme dedicado a esta profesión”, señala. 


Algo en lo que coincide con Antonia Pérez, de 68 años. Hasta los 13 años en el colegio, esta alcalaína se hizo sastra y confiesa que de pequeña iba leyendo los letreros que encontraba por la calle. Le gusta mucho leer y una de sus obras favoritas es la Biblia. Si tuviera que escribir un libro, sería una autobiografía ya que, según ella, ha tenido una vida muy bonita. “Para mí escribir es una terapia, porque reflejo lo que tengo en el corazón y me quedo relajada”, reconoce.

Autodidactas

Jacinta Ortega, por su parte, no esperó a llegar a la escuela de adultos y aprendió por su cuenta. Cuando era pequeña, tan solo estuvo dos años en el colegio y a los 8 comenzó a trabajar, por lo que no le dio tiempo apenas a aprender nada. Fue por ello por lo que estudió sola el arte de la escritura y la lectura, y ahora, con 69 años, afirma orgullosa que ha leído muchísimos libros a lo largo de su vida. Y no es de extrañar ya que su propia madre, con 90 años, escribe poesías y canciones.


Carmen Mota, de 66 años, fue la menor de tres hermanos y nunca fue al colegio, por lo que no aprendió a escribir hasta los 63. Para ella escribir es un placer y le gustaría hacer algo dedicado a la cocina. Si no lo ha hecho antes, afirma, ha sido porque ha tenido que dedicar todo su tiempo a criar  a sus siete hijos.


Por su parte, Pilar Martínez, de 86 años, se conformaría con haber podido leer más cuando era joven. Y aunque a ellas les apena no haber podido escribir un libro, están muy orgullosas del Cervantes de Ana María Matute, e incluso algunas, como Antonia, aplaudieron cuando conocieron la noticia. “Es una muestra de reconocimiento a la valía de las mujeres, que hemos estado  marginadas a lo largo de la historia”, destaca Jacinta. 


Se consideran unas valientes por la época en la que les ha tocado vivir, y se muestran impotentes cuando ven que la gente  joven no aprovecha las oportunidades que a ellas tanto les hubiera gustado tener.

 

Laura Arribas


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Foto Elena Boto