El edificio predilecto de los arzobispos de Toledo, joya de la arquitectura renacentista, cuna de reyes, sede del primer encuentro entre Colón y los Reyes Católicos y sede del Archivo Central, con más de 140.000 legajos del siglo XV al XX; ardió como una tea en la noche del 11 de agosto de 1939.
El que podría ser hoy el monumento más valioso de Alcalá se salvó milagrosamente de los bombardeos y destrozos de la Guerra Civil. Pero la contienda le dejó una huella envenenada: el ejército republicano montó en parte de sus dependencias un taller de carros blindados que el ejército franquista no desmanteló. Convivían de este modo, en temeraria vecindad, un ‘bosque’ de vigas y artesonados de valor histórico incalculable, más toneladas de documentos de la historia de España del archivo instalado en el palacio en 1858; con combustibles y depósitos de munición.
Era cuestión de tiempo, por tanto, que la desgracia cayera a plomo sobre el majestuoso edificio. Y el momento llegó una calurosa tarde de verano, cuando un soldado dio la voz de alarma al advertir una columna de humo procedente del basurero del taller. El fuego se extendió a toda velocidad por la zona más noble del palacio: la crujía del salón de San Diego, el patio de Fonseca, la escalera de Covarrubias y los salones del Ave María. Los bomberos procedentes de Madrid trataron de atajar las llamas, pero entre la escasez de agua y las explosiones de la munición que obligaron a evacuar a las cuadrillas de extinción, las llamas avanzaron imparables.
En la madrugada del 12 de agosto se controló el incendio, que tras la investigación judicial se adjudicó a la imprudencia de unos niños que pegaron fuego al basurero. El ejército quedó excluido de toda responsabilidad y también se acallaron las voces que, aún hoy en boca de los más mayores, hablaban de sabotaje.
El abandono de las ruinas ennegrecidas fue la puntilla al palacio, que todavía se sueña con recuperar a partir de piezas dispersas. En 2009 el investigador local José María San Luciano lo ‘reconstruyó’ en papel, junto a la historia del suceso, en el libro El incendio y destrucción del Archivo General Central.
Pedro P. Hinojos |