Los tres se muestran muy optimistas cuando hablan del tratamiento que recibirán sus hijos durante los próximos meses y es que según ellos ningún médico les había dado tantas esperanzas de recuperación nunca. Son los padres de Lorena, Diego y Silvia, tres niños con Parálisis Cerebral Infantil (PCI) que se pondrán en manos del Dr. Devesa, un catedrático de la Universidad de Santiago de Compostela que aplica hormonas de crecimiento para paliar los daños del sistema cerebral.
“Tengo depositada toda mi confianza en este tratamiento”, afirma Juan Álvarez. Es el padre de Silvia, una joven de 13 años que padece hemiparesia derecha, una parálisis que le afecta a la mitad del cerebro. “Tuvo sufrimiento en el parto y le faltó oxígeno cuando nació. Desde entonces hemos visitado mutitud de expertos y la hemos sometido a varios tratamientos. Todos la han ayudado en algo, pero no lo suficiente”, explica.
Descubrió al doctor Devesa a través de la prensa y dos días después asistió a una conferencia que impartió en Madrid. “Llamé para pedir cita en cuanto vi el reportaje y cuando le escuché en la conferencia me convenció del todo. Alrededor de estos críos hay mucho negocio, pero con este doctor no ocurre eso. Es la primera vez que voy a una consulta y no me cobran”. Él, al igual que las demás familias, ha hecho todo lo posible por que su hija mejorara. “Al principio intentas reparar los defectos físicos pero luego te das cuenta que lo importante es el avance cognitivo”. En su caso, dice, es la última oportunidad de que su hija se recupere de la lesión cerebral dado la edad que tiene. “Me ha dicho que se recuperará, pero que todo depende de la evolución de la niña”.
Rosa Toledano, sin embargo, se muestra más optimista aún si cabe. Es la madre de Lorena, una niña de siete años que nació con la aorta obstruida, lo que le provocó un paro cardiaco en el parto. La pequeña sufre de tetraparesia espástica, una lesión que le impide mover las extremidades al completo. Ella también visitó la clínica del doctor Devesa en verano y le dijeron que Lorena llegará a caminar. Fue una compañera de trabajo de su marido la que le informó sobre este tratamiento e inmediatamente llamaron para pedir cita. “Generalmente acudimos a todos los tratamientos que nos dicen, independientemente del gasto económico que suponga. Pero la verdad es que este es el primer médico que me da una esperanza sobre la recuperación de mi hija. Yo me conformo con que Lorena ande de mi mano”, apunta.
Por su parte, la lesión de Diego, de 13 años, es diferente a la de los anteriores. El hijo de Rafael Martínez tiene tetraparesia espástica con hipotonía troncoasial e hipertonía de las extremidades, un transtorno provocado también en su nacimiento. “Se quedó encajado en el momento del parto y estuvo mucho tiempo sin oxígeno. Diego tiene el cerebro dañado. Puede hacerlo todo (andar, hablar,...) pero mal”. Por eso, Rafael tampoco dudó en acudir a la Clínica Foltra. “Me enteré por la prensa y cuando vi que era diferente a otras cosas es cuando me animé. Me dijo que se iba a recuperar pero que no se sabe hasta donde. Yo me conformaría con que mi hijo fuera capaz de hablar sin dificultad”.
Después de todos los tratamientos a los que han acudido estas familias, esperan que este sea el definitivo. Sin embargo, tendrán que esperar varios meses antes de trasladarse a La Coruña para poder empezarlo ya que “de momento han cortado las citas por el aluvión de gente que ha acudido para ser atendida”.
“El método no tiene efectos secundarios” n La Clínica Foltra, ubicada en Cacheiras (La Coruña) es una fundación sin ánimo de lucro que aplica un novedoso tratamiento integral a pacientes con graves daños cerebrales y físicos. Con el doctor Devesa al frente, el método que se utiliza está basado en la aplicación de factores del crecimiento. “Primero inyecta las hormonas a los pacientes y después, con la ayuda de la fisioterapia, la estumulación y la logopedia estas hormonas regeneran células que migran hacia las partes del cuerpo donde se necesitan”, explican Juan y Rafael.
Junto a Rosa, aseguran que nunca han dudado de la efectividad del método, ya que el propio hijo del doctor se recuperó de una lesión medular tras un accidente de tráfico gracias a este proceso. “Todos los médicos se aprovechan de que vamos a la desesperada para sacarnos el dinero. En este médico yo veo una esperanza muy grande”, recalca Rosa. Para ellos, lo bueno del método es que no tiene efectos secundarios, aunque todos tienen algún miedo. Rosa, la cantidad de esperanzas puestas en él; Juan, el cambio que pueda suponer para su hija si de verdad es efectivo; y Rafael, dice, el único miedo que tiene es a morirse. “¿Quién cuidará a mi hijo si yo no estoy?”, se pregunta.
Laura Arribas. |