Tarde de domingo. No echan nada en la televisión, no hay que ir a trabajar y la siesta acaba de terminar. En muchos casos, la jornada vespertina del último día de la semana acostumbra a presentarse aburrida. Pese a la infinidad de planes alternativos al tedio propuesto, existe una actividad que le cambia la cara a las tardes de los domingos en Alcalá. Enrique Magán es un alcalaíno que amansa el asfalto con sus patines. Se ha propuesto transmitir ese don a todos los alcalaínos que tengan la espina clavada de no haberlo intentado nunca. Es el momento de patinar, y Enrique tiende un puente de plata.
Tiene treinta años y aprendió a patinar con dieciséis. Las cuatro ruedas enfiladas bajo la suela de sus patines han sido el medio de transporte habitual de Enrique, y puede que comiencen a serlo de muchos complutenses como él. “La idea de los cursos de patinaje para adultos nació en Alcorcón. El patinaje es una disciplina muy fuerte en aquella zona, y en cuanto vieron la idea los compañeros del club de patinaje de Alcalá les cautivó. Decidieron contar conmigo y estoy encantado" comenta.
Enrique arrancó la nueva temporada del curso, que imparte en la nueva pista de patinaje de la Ciudad Deportiva Municipal El Val, cargado de ilusión y con una lista repleta de alumnos. La dinámica de los cursos contribuye al éxito, ya que Enrique imparte conocimientos personalizados para cada alumno. “Esto no es algo técnico donde lo único que se hace es patinar" comenta este alcalaíno, que tiene claro el formato de sus cursos: “Son más adecuados para adultos. Si se atreven podrán compartir una afición con sus hijos". “Es una actividad muy familiar" destaca con rotundidad Enrique, que cuenta con el apoyo de otra monitora para que se ocupe de los niños mientras el ejerce como docente del patinaje con los adultos.
“La cifra de la última semana fue de cuarenta adultos y diez niños" indica Enrique, que ha establecido un modo de pago eficaz y moldeable para cualquier usuario: “En principio, el precio iba a ser veinte euros al mes, pero, como los domingos son días extraños, cobraremos cada día por cinco euros" “Rebajo el importe de un grupo cuando son más de dos, para colaborar con las familias que les apetezca venir" destaca el profesor de la actividad, que tiene ante sí un variopinto tapiz social: “Hay de todo. Vienen parejas jóvenes de treinta años, así como familias al completo. Nuestro alumno más mayor tiene más de sesenta años".
El éxito cosechado por el curso de patinaje deja perplejo a Enrique, que ha colocado cien carteles por Alcalá y ya acumula cincuenta alumnos. “No sé si se mantendrán todos, pero si vienen muchos más haré dos turnos, así que aún se puede apuntar quien quiera" insta el coordinador de la actividad, que asegura que el curso “está triunfando de una forma increíble. Será que todo el mundo tiene el gusanillo de aprender a patinar".
Ese ‘gusanillo' del que habla Enrique es una de las grandes bazas para que su original curso progrese con éxito. “Llevar los patines es una situación muy chula. No haces un esfuerzo fuerte y te lo pasa genial yendo muy rápido" argumenta Enrique, que conoce minuciosamente el trazado alcalaíno y sus virtudes y defectos en clave de patinador: “Alcalá es una ciudad complicada para el patinaje. El carril bici no soluciona nada, ya que es demasiado estrecho".
La cita, de 17.30 a 19.00 todos los domingos en la Ciudad Deportiva Municipal El Val. “Hay algún tronco. Tengo un alumno que es especialmente poco ágil, pero al final consigo que todos dejen de agarrarse al lateral de la pista" comenta este intrépido patinador, padre de uno de los planes más divertidos de la tarde que cierra la semana. |