Se cumplieron los pronósticos, y la convocatoria del 29-S resultó ser de baja intensidad. La sexta huelga general de la democracia, la primera contra el Gobierno de José Luis Rodríguez Zapatero, fue bastante descafeinada en el Corredor del Henares. Conocer la factura de este paro a medio gas es una incógnita, aunque la patronal de empresarios Aedhe cifra en 6 millones de euros el coste de horas de trabajo perdidas durante esa jornada en el Corredor del Henares.
Pero el dato es muy aproximado. La patronal ha realizado el cálculo en base a un seguimiento del 20% y teniendo en cuenta el coste medio de hora laboral en la Comunidad de Madrid (para los sindicatos, el seguimiento fue de un 75%). A este montante habría que sumar otros costes que son muy difíciles de medir, como por ejemplo, cuánto dejó de producir una empresa, cuánto dejó de vender e incluso el coste que supuso la huelga en la imagen de la economía.
A esto también habría que sumar el rastro que dejó el paro el 29-S. Según el Ayuntamiento de Alcalá de Henares, sólo en pintadas y pegatinas el coste asciende a los 8.000 euros, por eso el Consistorio ha pedido a los sindicatos que carguen con este gasto. Por no hablar de los actos vandálicos –sólo en la ciudad complutense se registraron más de 300 y diez detenidos–. En el polígono de Jumapi, por ejemplo, los autónomos y pequeños empresarios de la calle Finlandia se encontraron con la puerta bloqueada de silicona. La broma puede costar de media unos 200 euros. Y no fueron los únicos. Colegios, escuelas infantiles, edificios municipales y universitarios tuvieron que llamar a un cerrajero para poder entrar.
Y es que en plena crisis económica y con una tasa de desempleo del 20%, muchos trabajadores y empresarios del valle del Henares optaron por no secundar el paro. De media, cada asalariado que no acudió a su puesto de trabajo perdió unos 60 euros de su nómina; eso sin contar con el impacto en el PIB del país. Y es que todas las convocatorias de esta índole se han llevado un buen pellizco de la riqueza nacional, regional y comarcal (1978, 1985, 1988, 1994 y 2002). La gran huelga, la de 1988, supuso un coste de 2.404 millones de euros. Afortunadamente para muchos, la parálisis no existió, y como ejemplo, el centro de Alcalá: comercios, bares y entidades financieras permanecieron en su mayoría abiertos.
Cierres temporales. Si la ciudad complutense se levantó con centros escolares, edificios públicos, pequeños negocios y medios de comunicación como Diario de Alcalá sellados con Loctite, las grandes superficies comerciales funcionaron, prácticamente, como un día normal. Prácticamente porque desde primera hora de la mañana un grupo de piquetes informativos recorrió El Corte Inglés, Alcalá La Dehesa y el Carrefour de Espartales para conseguir su cierre durante unos minutos.
Empresas de la industria como Electrolux, Alcalá Industrial, Fiesta, Cruzcampo, Tompla, Baxer o Roca se sumaron a la huelga (en este último caso, los sindicatos explicaron que se cumplió con el servicio mínimo además de otras 26 personas que decidieron acudier ese día a trabajar). En Guadalajara, otras grandes empresas como Basf, Tudor, Mahon, Cespa o DHL el seguimiento “fue masivo”, según UGT. Pero “escaso” para las asociaciones empresariales.
En los colegios complutenses, el 90% del personal acudió a trabajar, meintras que en los centros de salud la huelga la hicieron los pacientes. Sólo 398 médicos de los 16.000 que ejercen la profesión secundaron el paro en la Comunidad de Madrid. En Barajas, la normalidad fue la tónica general –de los 134 vuelos previstos para aquel día operaron 112, según Aena–, mientras que en Atocha, trenes AVE incluidos, los servicios mínimos salieron con normalidad.
Fracaso. En un comunicado, la Unión Comarcal de Empresarios del Este de Madrid (Unicem) tildó el seguimiento de “fracaso”, cifrando la adhesión al paro en un pírrico 5%. “En mi restaurante he notado la huelga en la facturación del día. Todos mis trabajadores han llegado a su hora, pero los que me han faltado han sido los comensales, alrededor de treinta menos que habitualmente”, manifestó el gerente de un restaurante del polígono de las Monjas en Torrejón de Ardoz.
Para la Asociación de Empresarios del Henares (Aedhe), la convocatoria no logró paralizar la actividad económica de la zona y el 80% de los trabajadores acudió a sus puestos de trabajo. Y a juicio del presidente de la Confederación Regional de Empresarios de Castilla-La Mancha (CECAM CEOE-CEPYME), Ángel Nicolás García, la convocatoria resultó un “fracaso de participación”. Diez días después del 29-S, muchos se preguntan de qué sirvió.
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