Miércoles 29 de septiembre. Un día cualquiera en la mundana rutina de todo trabajador, estudiante o ciudadano de toda condición. Este 29 de septiembre escapa de lo habitual. Toda España despertó con incertidumbre justificada. Nadie sabía si llegaría a su puesto de trabajo o centro de estudio, y el medio para gran parte de todos ellos, el transporte público, sufrió algunas de las mayores alteraciones, que, como estudiante con abono B3, sentí en mis propias carnes.
Facultad de Ciencias Jurídicas y Sociales de la Universidad Rey Juan Carlos. Esa es la meta y el camino no apunta a ser plácido.7.47 de la mañana. En ese momento es cuando acostumbro a desayunar con calma, pero no era el día para ello. El compañero de clase con el que voy en coche hasta la estación de la Garena se suma incondicionalmente a la huelga general, lo que me obliga a tomar la línea siete de autobuses para llegar a la estación de Alcalá.
A veinte minutos de las ocho de la mañana, hay dos decenas de personas esperando al autobús en Ronda Fiscal, frente al campo de fútbol González Vivas. A los cinco minutos aparece el transporte que me llevará a la estación, pero no todos los pasajeros han permanecido tan poco tiempo esperando. “Llevo aquí desde la 7.20 y no aparecía el siete” comenta al subir al autobús una alcalaína cabreada. “No va tan lleno como normalmente, ya que se mezclan los que cogen autobuses desde las 7.20 a las 7.50, lo que debería estar reventando el transporte si estuvieran todos” comenta un habitual de la línea, que achaca la poca cantidad de pasajeros “al miedo por si habría o no transportes”.
7.56, cuatro minutos para las ocho. Bajo del siete al igual que la mayoría de mis compañeros de viaje, que tenían claro el tema de conversación durante el trayecto. “A buenas horas convocan la huelga” o “no pienso perder el sueldo de hoy” eran algunas de las frases más repetidas por los alcalaínos que no secundaron la convocatoria sindical. El paseo de la Estación, trámite a pie antes de llegar al siguiente transporte, acusa las bajas. No se vislumbran mochilas de estudiantes y los trabajadores no son tantos. “Yo tengo tanta clientela como siempre; no era el momento para convocar la huelga” comenta Javier, camarero del bar 'La estación', pero la estampa en la calle es diferente.
Pasan dos minutos por encima de las ocho y encuentro un vacío simbólico. ¿Y la prensa gratuita? 20 Minutos, ADN o Qué! son diarios al alcance de todo usuario de Cercanías gracias a los empleados que reparten periódicos a diestro y siniestro, pero hoy no. Y la guinda. El quiosco clausurado a hora punta. Ni pagando se puede acceder a la prensa el 29-S. “Hay muchísima menos gente. Es un bajón increíble” destaca una taquillera de la estación de Alcalá, que sobre su cabeza tenía el mejor argumento para su discurso. Las pantallas de la estación se suelen llenar de anuncios de los próximos trenes por llegar, que a las 8.00 son muchos y de todos los destinos. Hoy, las pantallas están vacías.
Las vías 2, 3 y 4 están paralizadas. La habitual alocada procesión de trenes cada cinco minutos se sustituye por un solo transporte que llega desde Guadalajara para detenerse en Chamartín, con parada en todas las estaciones intermedias, incluida Alcalá. Eterna e inaudita espera de 25 minutos que asumen los ‘currantes’ complutenses. “Es una vergüenza que los trenes pasen con intervalos tan largos. No tienen que fastidiarnos a los que tenemos que trabajar” comenta indignado un pasajero del tren, que permaneció ofuscado en la estación durante treinta minutos. A las nueve menos cuarto llego a Vicálvaro. Tan sólo quedan dos paradas de metro.
“Hay un piquete en la vía de la línea nueve con dirección a Arganda del Rey” descubre una taquillera de Vicálvaro, que a su lado encuentra cerrado el quiosco. Hoy no leo el periódico. Para mi fortuna, debo tomar la dirección contraria al piquete, pero el habitual carrusel de trenes subterráneos cada dos minutos se torna en seis que resultan larguísimos.
8:56, fin del recorrido. Las escaleras mecánicas, normalmente rebosantes de estudiantes, están vacías. Ni uno. “Esto es fantasmal” apunta un empleado de Metro de Madrid. De cualquier forma, ya he llegado. Conseguí llegar a Géneros Informativos en Radio y Televisión. “Si sólo sois dos alumnos nos tomamos un café” nos dice el profesor. Llegar a clase: misión posible. Dar clase: mejor mañana. |