Mientras los profesores apuran las últimas horas de esta semana para preparar el temario que tendrán que devorar el incipiente curso, los alumnos que volverán el día 15 a los institutos complutenses saborean poco a poco el fin de las vacaciones. Para algunos, los de ESO, la vuelta es obligatoria.
Pero para los que comienzan Bachillerato, coger los libros deja de ser una obligación para convertirse en una elección. Aunque algunos deciden quedarse en el camino y guardan la mochila en el armario, los datos afirman que cada vez son más los que deciden continuar con su formación.
Según los datos del Ministerio de Educación, el número de alumnos de Bachillerato en los institutos públicos españoles creció en 18.862 el año pasado, un 1,17% más respecto al curso anterior. Este año, sólo en la Comunidad de Madrid, comenzarán el curso 96.038 bachilleres. Por segundo año consecutivo, el sistema escolar no pierde alumnos en su último ciclo.
La ecuación, según los expertos, es la siguiente. La crisis, entre otras circunstancias, empuja a más estudiantes a seguir su formación y, como en la enseñanza pública es gratuita, el aumento se concentra ahí. A día de hoy, el Bachillerato sólo está subvencionado de forma general en los colegios privados concertados de cuatro comunidades (Comunidad Valenciana, País Vasco, Navarra y Baleares). Aún así, el gasto en libros y material complementario asciende, según las asociaciones, a más de 700 euros por bachiller. Algo menos, 500 euros, se gastará cada alumno de ESO de media.
A pesar de la situación laboral y la necesidad de formación, todavía hay jóvenes que deciden abandonar los estudios. “Son una generación que ven las cosas de otra manera. En muchos casos, creen que todo se consigue sin esfuerzo, o con una dosis mínima de éste, y no es así. La formación es esencial para conseguir incorporarse al mundo laboral”, asegura Ricardo Rodríguez, jefe de estudios del IES Alonso de Avellaneda.
La Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE) presentó esta semana su informe anual sobre la situación de la educación y, entre las novedades, aparecen unos datos preocupantes. El 19,4% de los jóvenes entre 20 y 24 años ni estudia ni trabaja.
Cuál es entonces la clave para no convertirse en un malsonante ‘nini’. Este educador lo tiene claro. “Los padres. Ellos son los responsables de hacer ver a su hijo en cada momento de su vida cuál es la prioridad y esa es la formación a estas edades”, añade.
La decisión final, no obstante, la tiene el alumno quien inicia el Bachillerato o abandona el instituto. Los que no tienen elección son los que cursan la Enseñanza Secundaria Obligatoria que, como bien indica su nombre, es obligatoria. Para los menores de 12 años esta vuelta a las aulas conllevará todo tipo de cambios: de centro, de amigos, de ciclo. “Es un cambio considerable pero en un par de semanas se acoplan bien al nuevo sistema y asumen las novedades sin problemas”, comenta este jefe de estudios.
Paciencia por parte de los padres y esfuerzo por el de los alumnos son la suma perfecta para que el curso tenga una nota final de 10. |