Son especialistas en calmar llantos, en mitigar la tristeza de los pequeños cuando ven marcharse a sus padres, en conseguir que dejen de llamarles entre lágrimas, y, también, en secar las de los progenitores que se quedan pegados en los cristales de la ventana y se resisten a abandonar el centro.
“Es que es un día muy difícil para ellos pero con un poco de cariño, comprensión y paciencia, todo se consigue”, aseguran Patricia González e Irene Lamelas, profesoras de la escuela infantil Los Molinos. Ellas pasan cada mes de septiembre el examen más difícil del año: el del primer día de colegio para los más pequeños, los bebés de hasta tres años.
Aunque oficialmente el curso comienza el próximo lunes, en esta escuela infantil situada en la calle José Ruiz Azorín ya funcionan a pleno rendimiento. Son días de adaptación, tiempo de que los niños conozcan el aula, a los nuevos compañeros, de ir un rato a estar con la ‘seño’ y volver a casa pasadas unas horas. Pero, incluso con ello, las lágrimas acaban siendo las protagonistas estos días.
¿Cómo evitar el temido momento? “Semanas antes de comenzar las clases recomendamos a los padres que tomen hábitos como desprenderles del chupete, no tenerles tanto tiempo en brazos o todas esas cosas que les hacen poco a poco más autónomos e independientes. Hay que evitar la superprotección, motivar al niño en esta nueva etapa tratando el primer día en la escuela con naturalidad. Además, los niños deben ver una buena relación entre sus padres y los profesores”, enumera Irene, quien sabe muy bien cómo se vive ese día tanto como madre como profesional.
“Ese día es difícil también para los padres. Tenemos sentimiento de culpa por dejar a nuestro hijo, a lo que más queremos en este mundo, con alguien prácticamente desconocido. Pero no se debe transmitir a los niños nuestros miedos. Ellos se quedan con profesionales”, añade.
En esta escuela infantil se pueden encontrar niños de 0 a tres años. Patricia es tutora de una clase de bebés. Más allá de cambiarles el pañal y darles de comer, trabajan con cada niño para desarrollar su psicomotricidad, entre otros aspectos. Realizan ejercicios de contacto visual entre los menores, de masaje infantil, les estimulan con música...
Aunque es consciente del vínculo especial entre madre e hijo durante el primer año, Patricia asegura que es “fundamental” que los niños se relacionen con otros menores para aprender a convivir desde el primer año de vida. Aunque pueda parecer que a esas edades son muy pequeños para cualquier cosa, “los tres primeros años de la vida de un menor son una etapa educativa más donde se cimenta su desarrollo personal”, añade.
Entonces, ¿qué deben tener en cuenta unos padres al elegir una escuela infantil? Que no haya más alumnos por aula del ratio permitido, que el personal sea titulado o que los padres tengan acceso permanente al proyecto curricular así como a las instalaciones y actividades del centro son algunos de los aspectos a tener en cuenta.
“Lo importante no es que te entre por los ojos el edificio, sino las personas que trabajan en él. Nosotros tenemos reuniones semanales en las que se establecen los objetivos con cada niño de manera personalizada. Nos ayuda un equipo de atención temprana, un psicóloga y una orientadora que nos asesoran pues no todos los niños son iguales”, dice Irene. |