Antes de ir al colegio, muchos niños pasan por la escuela infantil. Profesionales de estos centros dan las claves para una llegada al mundo escolar sin lágrimas. |
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Es, oficialmente, el día de las lágrimas. La mañana que el benjamín de la casa va a la escuela infantil por primera vez, es uno de los más temidos por toda la familia. Pero, si es padre, tranquilo. Con un poco de ayuda todo se supera y nadie mejor que los profesionales en educación para conseguir pasar sin llorar –ni sus hijos ni usted– el primer trago de esta nueva etapa.
Las escuelas infantiles de la ciudad ya tienen sus puertas abiertas. Son días de adaptación, de ir dos o tres horas para que el menor vaya acostumbrándose a su nueva vida escolar. En Los Molinos, situada en la calle José Ruiz Azorín, sus profesoras ya trabajan con los niños. Es una de las nueve escuelas infantiles públicas que hay en la ciudad. Allí comenzarán a formarse los menores que hayan conseguido plaza subvencionada. “Tal y como están las cosas económicamente hablando, que te toque plaza en un centro público es una lotería, no sólo por el dinero sino por la calidad de la enseñanza y de los profesionales”, asegura Patricia González, una de las ‘profes’.
Para los que no hayan tenido suerte en la adjudicación de plazas, están las escuelas infantiles privadas. Tan motivada como las primeras y con la veteranía por bandera, la directora de Parchis Montessori alivia a los papás que aún no han encontrado su sitio con la noticia de que aún es posible disponer alguna vacante en su centro. Parchís tiene 25 años de recorrido, presume de que hoy recibe a los hijos de los que antes fueron alumnos y de tener como meta “la felicidad del niño en su primera etapa”. Por: D.Santos / C.Martínez
· El regreso a las aulas en la escuela pública, Los Molinos. · La vuelta al 'cole' en la escuela privada, Parchís Montessori. |