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Una semana para ponerse las pilas
Yolanda Bernad - lunes 30 de agosto de 2010 a las 18:27 horas
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Dolor de cabeza, irritabilidad, apatía... si tiene estos síntomas y acaba de volver de vacaciones, no se preocupe. Usted tiene síndrome postvacacional

 

Pasar de 0 a 100 en apenas unos segundos es algo que sólo pueden lograr las máquinas. Por eso no es de extrañar que el ser humano necesite un periodo de adaptación desde que terminan sus vacaciones hasta que regresa al trabajo. El llamado síndrome postvacacional (aunque en esta época de crisis a más de uno le gustaría ‘sufrirlo’) se encuentra en la boca –y cara– de muchas personas que se enfrentan a la rutina tras unas merecidas vacaciones. 

El término todavía no está exento de polémica –el doctor José Carlos Baeza, de la Clínica de la Ansiedad, en Madrid, asegura que todavía no hay unanimidad acerca de su existencia o no–, los síntomas son evidentes: dolor de cabeza, irritabilidad, cansancio, abatimiento, aparente falta de motivación... “En realidad se trata de un proceso de adaptación al cambio, en este caso, el regreso al trabajo. Se sabe que no es una patología ni un problema de salud propiamente dicho, pero puede causar ciertas molestias”, explica.

El cambio de horarios en las comidas, las horas de sueño, etc. pasan factura en nuestro estado de ánimo, aunque afortunadamente el síndrome dura entre “dos y cuatro días”. Una semana en el peor de los casos. “Otra cosa es que algunas personas, por otros motivos, estén desestabilizadas y sean más sensibles a este proceso”, añade.

Según una encuesta de Randstad (realizada a 996 personas de toda España, entre 18 y 65 años), el 56% de los trabajadores reconoce sufrirlo y casi la mitad de estos, que tarda al menos una semana en recuperarse.

Pero del mismo modo que hablamos síndrome postvacacional, también podríamos buscar una expresión para describir todo un conjunto de síntomas que aparecen días antes de disfrutar de un periodo de ocio, muchos de los cuales son compañeros de mesa a la vuelta de las mismas.  “Pero nadie habla de ello”, apunta el doctor.

Una puesta al día informal con los colegas, una agenda de prioridades y un ajuste en los horarios de comida o sueño pueden ayudarnos a llevar mejor la dura vuelta a la rutina y despedirnos, definitivamente, de la ausencia de obligaciones... como mínimo, hasta las navidades.

Síndrome postvacacional: qué es
Existe cierta polémica médica acerca del síndrome postvacacional, porque si bien no es considerada como una patología, existe un conjunto de síntomas que permiten detectarlo. Bajo esta expresión se esconde la dificultad del trabajador a adaptarse de nuevo a su rutina y puesto de trabajo.

Los síntomas: dolor de cabeza y tristeza
La vuelta al trabajo puede provocar cierta ansiedad, pero no sólo eso. También puede manifestarse a través de dolores de cabeza, irritabilidad, tristeza, insomnio, alteraciones en el apetito, desmotivación, apatía e incluso falta de concentración. Afortunadamente, este conjunto de síntomas desaparecen al cabo de unos días.

Ellas los sufren más
Según un estudio de Randstad, el síndrome postvacacional afecta sobre todo a las mujeres, de entre 30 y 44 años, y con estudios universitarios. Pero el doctor José Carlos Baeza, de la Clínica Especializada en Ansiedad, la variable edad o sexo no tiene por qué ser determinante. “Importa más la intensidad del cambio”.

Cuándo desaparece
La vuelta de vacaciones desata una serie de síntomas que, afortunadamente, y si no hay ningún otro trasfondo de calado, desaparece al cabo de varios días. Según el doctor Baeza, bastan entre 2 y 4 días para funcionar con normalidad, mientras que la mayoría de encuestados de Randstad (un 56%) lo sitúa en una semana.

Cómo mitigarlo

Puesta al día y prioridades
Para hacer más pasajera la vuelta al trabajo, los expertos recomiendan ponernos al día de lo que ha sucedido durante nuestra ausencia para así confeccionar la agenda más inmediata. Posteriormente, lo ideal es dedicar tiempo a la planificación de los próximos días y establecer las prioridades que debemos resolver de forma urgente.

Rendimiento progresivo
Desconectar durante una semana, quince días o un mes completo para luego regresar a la vorágine de la rutina y la actividad intensa supone, sin duda, un formidable cambio al que, mentalmente, debemos ir preparados. Por eso los expertos aconsejan estructurar de manera progresiva las responsabilidades pendientes. De ese modo, generamos una sensación de control que contribuye al equilibrio. Una vez incorporados a nuestro puesto de trabajo, es conveniente tener en cuenta que el rendimiento aumentará de manera gradual. Así que no debemos alarmarnos si tardamos un poquito más en resolver ciertos asuntos.

Incorporación escalonada... si se puede
La flexibilidad en las empresas juega, sin duda, una notable baza a la hora de adaptarse al cambio. Para el doctor Baeza, la existencia de jornadas intensivas o la posibilidad de empezar la jornada dentro de una horquilla horaria facilita la aclimatación que supone el regreso al tajo.


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