Ficha: Segunda de la feria de Alcalá. Toros de Saboya, los tres primeros dóciles y nobles en diferente gradación, faltos de fuerza; los tres últimos mansurrones, difíciles, violento el cuarto. Sánchez Vara, que sustituía a Iván Fandiño, oreja tras aviso y oreja. César Jiménez, silencio y ovación. Matías Tejela, oreja y oreja. Salida a hombros de Sánchez vara y Tejela. Más de media entrada en tarde calurosa.
Es decir, que lo de los lotes de toros en los sorteos que se configuran pariguales, para satisfacción de los tres matadores, con un toro de cada, lo que determina el lote propiamente dicho, todo es verdad. Los tres primeros toros de Saboya, hierro titular y apellido no menos titular de los designios de la plaza, resultaban de un dulzor evidente casi sin probarlos, castaños, listones y con su capa dorada en algún caso, como el segundo, melocotón de pelo y condición. Los tres de la última fase de la corrida, por el contrario, negros de color tormenta, altos de agujas, jamás en la pretensión de humillar, que eso es de esclavos, y con algún peligro no precisamente sordo. Es el caso del cuarto ejemplar, sorteado para Sánchez Vara, diestro ya habitual de los circuitos, empaquetado contra su voluntad en los carteles de banderilleros y que ayer, a la hora de la cena, se encontró con la llamada de la sustitución del herido Fandiño. Lo del dicho secular del toreo: "Unos las firman y otros las torean". Ya advirtió en el que abrió plaza de sus maneras reposadas, con presentación muy correcta de los engaños, con las pausas necesarias para procurar que los pulmones del toro se llenen pese a los avatares de la lidia. Bien, pero sólo era un presagio de lo que restaba en su segundo oponente, rajado, con un pitón izquierdo imposible, habitual de los ejemplares que presentaban todas las violencias imaginables, con la cara por las alturas del estaquillador y con la reputación violenta ganada a pulso. Vara, con su terno verde manzanísima, plantó batalla con la integridad de los valientes, sabedor de que sólo conseguiría medios pases en medio de la discordia entre animal y humano. Pugna a carta cabal que terminó con un macheteo por la cara del toro de Saboya, entregado del todo, olvidado ya de los terrenos de chiqueros. Una estocada trasera que produjo muerte lenta anticipó un trofeo ganado a ley absolutamente constitucional del toreo de siempre, el del poder, que también vale. Éxito incuestionable de Vara, absolutamente entonado toda la tarde.
De César Jiménez y Matías Tejela, sin suerte alguna con sus lotes, ya habrá ocasión de hablar. Matías, eso sí, dijo en su brindis: "Va por vosotros, paisanos". Muy agradecidos.
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