Alcalá de Henares • Actualidad • Cultura
Tres orejas para un Juli en plenitud
Redacción - domingo 29 de agosto de 2010 a las 16:36 horas
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Sendos trofeos para Rivera y Chechu. Excelente toro de vuelta al ruedo de Ventosillo. Por Antonio Campuzano.

 

FICHA: Primera de la Feria de Alcalá. Toros de Ventosillo, desiguales de presentación y juego. El mejor, excelente de clase y nobleza, el segundo, al que se le pidió precipitadamente el indulto. Fue premiado, no obstante, con la vuelta al ruedo en el arrastre. Rivera Ordóñez, oreja y silencio tras aviso. El Juli, dos orejas y oreja. Chechu, oreja y silencio con aviso. Más de media entrada. Calor.

 

El juego de brazos, sí, un simple juego de brazos, marca las diferencias entre las labores, las formas, los balances, las torerías. Los brazos jugados de El Juli, un torero en sazón y en plenitud, siempre terminaban en decoro, en armonía, en equilibrio. Con capote y muleta, encontraba toro siempre desde cualquier terreno de la plaza. Llevaba a sus toros largo, hasta donde daban de sí esas extremidades pequeñitas del torero madrileño. Cerraba las series en el momento adecuado, vaciando justo las embrestidas hasta ligar la siguiente tanda con el pasmo que produce la facilidad. El novel Chechu, dueño de mucho más filamento en brazos y piernas, vestido de un blanco y oro tan ingenuo como falto de habilidades, parecía un ser discapacitado en el manejo de los trastos y en la elección de las distancias. Todo resultaba atropellado y falto de la simetría requerida. Los pases devenían en medios pases. La limpieza en los embroques terminaba en astroso final cada cual por su sitio, casi nunca el mismo.

 

El Juli, en la que dicen su mejor temporada desde que viste de luces, por si fuera poco, lidió en suerte con uno de los más nobles toros con los que se haya podido encontrar un diestro en esta joven plaza reinventada como La Estudiantil, en un prodigio de reflexión y nomenclatura digno de mejores empresas. Cuando parecía que su juego era radicalmente a favor del pitón derecho, de repente se transmutó para rendir unas extraordinarias embestidas por el izquierdo que revelaron un toreo al natural francamente estupendo de Julián López. Los remates, con la muleta invertida y especialmente uno con la muleta ofrecida por el envés, eso sí con cierto abuso de los circulares, produjo un éxtasis en el tendido y una perplejidad en el ganadero ante el excepcional recorrido del toro, un verdadero automatismo de embestir, con diez minutos largos de incansable itinerario por el ruedo y de colaboración con el torero. Esa madurez del espada se manifestaba en esa comunión con el público en detalles simples, pero decisivos, por ejemplo, a la hora de apretar los puños y darse media vuelta de rabia y creencia en sí mismo caminito de las tablas para recoger el acero. La estocada letal en el platillo del albero desató las euforias que incluso habían pedido el indulto, cuando el picotazo unilateral permitido por el presidente invalidaba tamaño premio al margen del nivel reglamentario de la plaza. En cambio, se negó el premio del rabo cuando la ocasión lo requería, con perdón de la expresión, habida cuenta de la redondez del trasteo.

 

Como no perdonó Rivera Ordóñez en modo alguno la irrisoria participación de un espectador con un estentóreo y algo zumbón oléééé cualquier pase de muleta en el toro que abrió plaza. A la tercera, tras hacer un gesto con la mano, el torero del corazón, paró en su menester, miró fijamente a la procedencia del trueno que quería pasar por voz y  que fue interpretada como vil cachondeo, y entre la desaprobación de la vecindad, cesó aquel despropósito. Como despropósito resultó casi todo lo que exhibió el diestro. Decadencia, vulgaridad, pases mirando al tendido cuando la cabeza del astado ya pasada, tretas de torero viejo.


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Comentarios
1lag398k
domingo 29 de agosto de 2010 a las 20:30 horas
Me gusta tú cronica, la veo justa. No hubo ni de lejos más de media plaza, al menos no lo ví así. Pero me gustaria porfavor que hablases de la lamentable presencia de lo que sale por los chiqueros de esta plaza, y por favor, si es posible que no siga siendo la plaza de Alcalá un cortijo para el Sr. Saboya, un año va a ser capaz de hacer la feria sólo con sus toros y sus toreros.
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El Juli abre la puerta grande de Alcalá / Foto Iván Espínola
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