Jack Sparrow hubiera estado ayer en su salsa cual pirata del Caribe surcando ¿los mares? No. Las pruebas que los peñistas de Los Doblones prepararon para la XVII edición de su Entrenamiento pirata. Duelos con espada, salto de obstáculos y lanzamiento de nata al novato son algunos de los juegos que arrancaron las sonrisas de los más pequeños que abarrotaron la Plaza.
Todavía el reloj no había marcado las 10.30 horas de la mañana cuando centenares de menores hacían cola en la Plaza de Cervantes para convertirse, por un día, en corsarios con ganas de fiesta. Más de 300 quisieron ser piratas una vez más y, parche en el ojo y mapa en mano, se encaminaron en busca del tesoro que escondían las diez pruebas que Los Doblones habían preparado.
Juan García, su presidente, se sentía feliz de que, una vez más, tantos menores hubieran acudido a la cita. “Somos una peña muy familiar. Tenemos casi más niños que mayores ya y en este juego participamos todos ayudando”, asegura este veterano de las ferias complutenses.
Primera prueba, salto de neumáticos. Con permiso de alguna caída que sólo derramó sonrisas y no lágrimas, los piratas pasaron a la siguiente fase. La recogida de pelotas. Después, a pintar al pirata, y a luchar, espada en mano, con uno de los doblones. Hasta los que abultaban menos que la propia espada de juguete se animaban a derribar al peñista que estaba encantado con ser el objetivo de todos los sables.
Tras la divertida pelea, tocaba renovar fuerzas con un buen bocadillo y, con la barriga llena, que mejor que afinar la puntería lanzando... platos de nata. La diana no era otra que los rostros de los novatos de la agrupación que de tanto reír tragaron más dulce del esperado.
Al final, como buenos piratas, todos consiguieron su botín y se hicieron con su regalo. “El año que viene repito. Me lo he pasado muy bien”, decía Arturo de 10 años. |