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“Las mujeres están hechas para bailar, los hombres no”
Redacción - jueves 5 de agosto de 2010 a las 16:42 horas
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La copla protagonizará la primera gran obra conducida por el alcalaíno Ángel Rodríguez.

 

Ángel Rodríguez es un alcalaíno de 22 años fuera de lo común. Sin telón que oculte su arte, este bailarín muestra sobre las mejores tablas el estilo español del que hace gala, pero no desprecia ninguna tendencia. El Teatro Madrid es su casa, y en septiembre mostrará  al mundo desde su escenario su primera gran obra como coreógrafo.
–¿En qué teatros complutenses ha dejado su sello?
–He bailado en el teatro Paco de Lucía. Aquí en Alcalá no hay muchos más.
–¿Sigue vinculado con Alcalá pese a su éxito profesional?
–Sigo totalmente unido a Alcalá. Salgo por aquí, hago vida en esta ciudad y vivo con mis padres, aunque es cierto que ensayo en Madrid, lo que me quita mucho tiempo.
–¿Qué ofrece el espectáculo Y sin embargo... te quiero?
–Queremos hacer ver que lo que tenemos hoy día en el mundo de la danza está muy bien. La danza española le gusta al público, y repasaremos su evolución mezclándola con otras tendencias, pero predominará la copla.
–Suena extraña esa afirmación por parte de un artista de 22 años...
–No quiero decir que con lo que hay es suficiente, sino que desde el Teatro Madrid trasladaremos una perspectiva de que la  danza en la que cabe lo de siempre no está nada mal. Queremos emocionar al público a través de un género como la copla, pero también fusionaremos durante el espectáculo. El título no tiene que engañar, habrá de todo pese a abrir con este género.
–Dicen que la danza sufre una competitividad feroz entre sus profesionales...
–Lo más difícil es tener amigos en esta profesión. Tener amigos bailarines es genial, y por muchos premios y plazas que te den, cuando los encuentras te encanta, ya que la competencia es fortísima
–¿Quién lo tiene más difícil, bailarines o bailarinas?
–Es mucho más fácil llegar alto para un chico que para una chica. Ellas siempre son muchísimas peleándose por dos plazas. Da mucha pena cuando quinientas profesionales se juegan dos únicos puestos. En una prueba no suele haber un treinta por ciento de chicos sobre el total de bailarinas.
–¿En qué se diferencia el bailarín y la bailarina?
–Con los chicos se ve mucho mejor el nivel y se marcan más las distancias. Las mujeres están hechas para bailar, mientras que nosotros no. Por ello, una bailarina tiene algo ganado por su cuerpo, pero un chico sin condiciones para la danza se revela enseguida.
–¿Cuál es el mejor recuerdo de su trayectoria profesional?
–Uno de los momentos que más recuerdo es cuando tenía quince años y gané el certamen de jóvenes creadores de Alcalá. Siempre me quedará ahí una sensación muy buena de conseguir un reconocimiento con algo que me encanta hacer.
–¿Imagina vivir de algo que no sea la danza?
–Me cuesta. En ocasiones te planteas que la profesión cada vez está peor y la idea de otro ámbito laboral te ronda la cabeza, pero es difícil. Mi vida se ha centrado en esta profesión, y vas con la mentalidad programada para dedicarte a ello.
–¿Mejoráis los bailarines con los años, como el vino?
–Un bailarín es como una flor: Nace preciosa. Al día siguiente la puedes conservar, pero es una evolución que sube y baja. Se conserva el artista si se mantienen todas sus facultades, y eso con la danza es imposible. Hay veces que gente de cincuenta años te sorprende y no puedes entender como puede ser tan buena, pero no es lo normal.
–¿Qué tiene la danza de especial sobre otros tipos de arte como la música o la pintura?
–La danza tiene algo bastante sencillo. Puedes ver como se mueve alguien, y después nuca volverás a verlo. La danza no se puede capturar como una partitura o un lienzo. Solo se conserva con lo que uno siente y hace en ese momento. La música es preciosa y los cuadros también, pero el movimiento… La danza la verás un día y disfrutarás en ese instante, y recordarás en el futuro todo aquello.
–¿Es fácil medir quien baila mejor o peor?
–El arte es subjetivo, ¿dónde está la justicia de quien baila mejor o peor? Lo que bailes lo debes vender al mundo, y sin condiciones ejemplares, un bailarín pueda ser asombroso gracias a que sabe como y cuando venderse. A veces es más importante que estar ‘pasao' de talento. Todo en el arte es marketing y fidelizar al público.

Emilio Sánchez.


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