Primero se llamó Rigoletto, luego vino La Pasta Gansa, y con los años, aunque el negocio cambió de manos, conservó su último nombre y la enseña que lo hizo famoso: la comida italiana. Hace casi dos meses que el cartel de ‘Se alquila’ luce en la fachada del local, en la calle San Diego número 5. Y muchos vecinos de Alcalá recuerdan este rincón gastronómico con bastante cariño. Así lo demuestran los amigos del Diario de Alcalá en el Facebook. “Qué pena, estaba bastante bien”, comenta Eva Merino. “Mi pareja y yo íbamos muy a menudo”, reconoce Sergi Planas.
Según Juan Manuel Moreno, de la inmobiliaria Inverhouse, “el restaurante dejó de funcionar a finales de mayo. Primero por falta de clientela, y también por el precio del alquiler”, explica. El local, de 270 metros cuadrados, funcionaba muy bien los fines de semana, pero entre diario estaba completamente vacío. Y los gastos eran los mismos: mano de obra, renta, género, suministros... Cuando vienen mal dadas, cuesta mucho mantenerse a flote.
Antes de llamarse La Pasta Gansa, el local se bautizó como Rigoletto, y estuvo regentado por Mariano Rosa Heras y su cuñado, de origen italiano. Juntos montaron en 1990 el que fuera el primer restaurante con horno de leña de Alcalá, especializado en pizza napolitana y pasta. Mariano ya conocía la hostelería (regentaba La Casona), corrían buenos tiempos para el sector y decidió llevarse al pizzero de Casa Gades, en Madrid, para saciar el apetito de los amantes de la pasta. Y triunfó.
“Lo mantuvimos hasta el 95. El alquiler era muy alto, pagábamos unas 500.000 pesetas al mes. Y un año antes, la hostelería vivió una mala época en Alcalá. Luego remontó pero esos dos años fueron críticos. No tuvimos otro remedio que cerrarlo”, recuerda Mariano Rosa, ya retirado del negocio de la restauración. “Otro problema añadido es que entre diario el local no se llenaba y los fines de semana se quedaba pequeño”. Claudio, dueño de Talleres E. Pastor, próximo al local, recuerda haber comido allí un par de veces. “Esta vía no es la calle Mayor, y con la crisis, todavía tiene menos gente paseando por aquí”, reflexiona.
¿Y cómo se mantiene el resto de negocios? A unos metros de distancia, se encuentra el restaurante Stromboli, también especializado en comida italiana, y situado en la plaza de San Diego, frente a la Universidad Cisneriana. Abierto desde finales de noviembre de 1998, el negocio ha notado cómo la clientela de La Pasta Gansa se ha trasladado hasta sus salones para no renunciar a la comida italiana. “Pero la crisis se nota, y mucho”, comenta uno de los trabajadores del local. “La situación no es para cerrar pero tampoco para tirar cohetes”. La carta de pedidos se reduce a un único plato. Y de los postres, mejor no hablamos. Café y, a veces, ni eso.
Desde que estallara la ‘hecatombe’ financiera, la ciudad ha visto cómo muchos negocios han echado el cierre; en unos casos, nombres muy conocidos, como Casa Cirilo (en la calle Mayor); otros, de nuevo cuño, como Verdalia (en la Garena), y en el caso de La Pasta Gansa, todo un clásico, aunque el horno de leña original fuera sustituido por uno eléctrico con el paso del tiempo.
Afortunadamente, sigue habiendo emprendedores que lo intenten donde otros desfallecieron, y según Moreno, hay muchas probabilidades de que el local vuelva a abrir en breve. “Y será de restauración, seguro, porque ya tiene la licencia”, afirma Moreno. |