Nadie les ha regalado nada. Su música no suena siempre en las emisoras comerciales, la Iglesia no les aprecia demasiado y se caracterizan por no tener pelos en la lengua con las injusticias, vengan de donde vengan. Recién publicada Gaia III, el fin de su trilogía, son la viva imagen de que el rock sigue vivo y que, en español, todavía tiene mucho que decir.
Frank, su guitarrista, descubre el secreto para seguir con éxito por el camino de baldosas amarillas.
–¿Qué esconde este festival? –Quien vaya encontrará un cúmulo de ganas de tocar y hacer buen rock en castellano que hará de hoy, un día inolvidable en muchos corazones. Tener aquí a bandas como Kraken, que en Colombia son bastiones y es la primera vez que vienen aquí, es un privilegio.
–Un privilegio para Alcalá a la que volvéis en menos de un año. –Aquí nos sentimos como en casa. Mägo de Oz se siente muy unido a la idiosincrasia de los alcalaínos por ese homenaje que le hicimos con el disco La leyenda de la Mancha. Esas connotaciones de Mägo-Alcalá siempre están presentes, así que recuerdo los conciertos aquí con mucho cariño.
–Llegáis al final de una etapa con Gaia III. ¿Borrón y cuenta nueva? –Teníamos tantas ganas de rematar la historia que ahora la vamos a echar de menos. Estamos prisioneros de nuestro propio Gaia. Esta andadura la empezamos a engendrar en 2001 y no pensamos que iba a significar tanto en nuestra vida. Queríamos hacer cosas grandilocuentes, con más barroquismo a la hora de componer y eso es difícil de plasmar en un disco que tenga una continuidad. Por eso esta trilogía significa tanto. No se llamará Gaia, buscaremos otras fórmulas, pero lo tendremos que volver a hacer. Creo que hemos terminado a lo grande, como empezamos. No es falsa modestia. Estamos orgullosos de haber hecho un trabajo que en España, quizá, no tiene precedentes. No hay dos Mägo. Hay un subsello, Gaia, que estamos saboreando. Es la guinda del pastel.
–Millones de discos vendidos pero ¿qué le queda a Mägo por hacer? –Mantener la ilusión, la chispa que comenzó un día y que nos ha llevado hasta aquí. Eso es la esencia de la vida: mirarte al espejo cada mañana y tener una meta. Y la mía es seguir haciendo lo que más me gusta que es música.
–A pesar de estar vetados y que no os lo pongan fácil algunos medios
–Y lo seguiremos estando. El rock no respira buena salud, igual que el resto de las artes. Tampoco nos podemos quejar, vivimos quejándonos. Somos los proscritos del mundo del arte, el hijo bastardo que no enseñas a la familia. Sin embargo, es de los tipos de música que más fieles tiene tras 70 años de historia. Al que no lo quiera ver, le llamaría ciego pero a mí no me llamaría proscrito.
–Y eso en medio de un mundo donde parece que no puede se triunfar sin una cara bonita. –La gente que le da más importancia a la imagen, es pobre por dentro. En el mundo del arte, lo que importa es transmitir. Da igual que tengas una cara picasiana, si transmites y mueves el corazón, es lo que importa. Pero ese tipo de operaciones y de triunfos, que ponen una cara guapa porque les conviene a una serie de empresarios tener ese producto, luego se van a estrellar. Eso a Mägo nunca le pasará. Tenemos las cosas claras. ¡Y eso que somos guapos!
–Presentasteis el festival cerquita del Arzobispal, con lo blasfemos que dicen que sois con la Iglesia.
–En América nos preguntan mucho si nos sentimos satánicos. No es así. Igual que en Gaia I que íbamos de corsarios no nos sentíamos piratas, sólo hay que ver la cara de nuestro violinista para saber que no somos satánicos. Pero sí hemos sido muy críticos en Gaia II y en Jesús de Chamberí con lo que es la visión de la Iglesia como institución que, basándose en un personaje tan humano como Jesús, ha hecho barbaridades.
Es un trabajo muy documentado, porque si vas a criticar de algo por lo menos documentarte. Sin embargo, son cosas de las que el creyente no tiene la culpa. No hay ánimo de ofender a ningún creyente. Mägo no quiere adoctrinar a nadie.
–¿Y qué opina Mago de la piratería o el canon digital? –Creo que es un problema más de educación que de otra cosa. Mafiosos e intermediarios entre el público y el artista que se beneficien, los va a ver siempre, cada vez menos de tanto que han robado. No te digo nombres de asociaciones sino de personas que se han forrado a costa de los artistas y el público.
La industria se viene abajo y eso es algo evidente. La gente no se da cuenta de que no está haciendo daño al artista porque de cada disco te llevas un euro, el privilegiado que lo hace. Está haciendo daño a los que maquetan el disco, al productor, al ingeniero de sonido... Pero ya es un problema de saber apreciar la música. Igual que unas cortezas no son gratis, ¿por qué va a serlo un disco con todo el trabajo que lleva detrás para que suene como suena? Es como ver un cuadro de Renoir con gafas de sol rayadas. No estás apreciándolo todo.
–A estas alturas del cuento, ¿la clave del éxito sigue siendo creer en el Mägo de Oz?
–La clave es ilusión, honestidad y trabajo. Tres cosas. De momento, en Mägo de Oz tenemos de las tres al cien por cien. Hay grupo para rato. Algunos nos querrar ver hundidos, incluso han habido rumores de que nos hemos separado, pero los que quieran eso, lo llevan claro. Mientras haya cosas que decir, esto no se va a acabar nunca. |