Al rector y a su gente le ha sentado como un tiro la posibilidad, o más diríamos la obligación, de tener que bajarse el sueldo: no el que tienen como profesores con plaza fija, sino el que añaden en función de sus responsabilidades políticas. No es baladí el incremento, como no lo es tampoco el gasto en tarjetas de representación, viajes oficiales, coches y chóferes que comporta.
Sin que se sepa muy bien, por cierto, qué utilidad pública tiene: irse a México a la llamada de Botín, con el pastizal en vuelos y alojamiento que comporta, puede ser lógico y necesario... pero no explicar a la vuelta nada de lo que se ha hecho o se puede hacer es inaudito. Especialmente en una Universidad que, digámoslo suavemente, no ha controlado demasiado en el pasado los viajes internacionales de esa selecta élite universitaria que, al calor de una cátedra americana, de una empresa muy OCUpada siempre, de una exposición itinerante o de lo que sea, se ha pegado la de Marco Polo pero en cinco estrellas. ¿Con helicópteros incluidos, tal vez?
El americanismo, el latinoamericanismo o el casaamericanismo, con ocasionales incursiones en el sanpeterburguismo o el neoyorquismo (los meritorios apenas llegan al comillismo, pero ya saltarán el charco), son tendencias naturales que siempre han valido de mucho a quienes lo disfrutaban... ¿y de algo a la Universidad? El mero hecho de poder preguntarlo sin sentir pudor ya lo dice todo.
Pongamos un ejemplo gráfico, para que luego no salga ningún iluminati llevándose las manos a la cabeza por algo, por cierto, que el afamado Carlos Carnicero sugiere en su blog , cuando habla de esa Casa de América que tantas tarde de gloria, gráciles, marinadas, valenzualizadas, virgileadas y barrosizadas ha dado. Y ahí tienen la prometida foto, tomada en el muy laborable septiembre de 2009, de un reposado Daniel Sotelsek haciendo las Américas de las que vino con políticos de Argentina y la República Dominicana que -¡vaya casualidad!- terminan por lograr algún destino universitario a lo Manuel Marín: no demuestra nada tal vez, quizá se diga que consagra la infinita ascendencia internacional de la Universidad y el pletórico futuro que le aguarda por el impagable sacrificio de unos pocos, ¿pero oiga, por qué no se cuenta nunca en tiempo y formas, no se audita, no se explica, no se presupuesta públicamente y, en fin, no se controla si tan bueno, razonable y cristalino es?


Los institutos latinoamericanos, tan activos. Esta foto de El Topo presenta a Sotelsek con destacados políticos de la izquierda argentina (José Luis Machinea) y dominicana (Miguel Vargas): fue tomada en septiembre de 2009
Habrá que seguir estas cositas, pero volviendo al simbolismo salarial de los jerifaltes, cabe recordar que es ahí donde todos, desde Zapatero a Aguirre pasando por Bartolomé González y siguiendo por algunos rectores de España, se han aplicado un tijeretazo que Fernando Galván rechaza, dando un ejemplo cuestionado y cuestionable. Especialmente si la explicación es la que da allá donde puede uno de sus vicerrectores: se resentiría el rendimiento del equipo. Sí, han leído bien, y se harán ahora la misma pregunta que este humilde Topo se hace a sí mismo: ¿Con qué cara le dicen ahora a los currelas de la Universidad que tienen que rendir igual pese a la bajada de sueldo impuesta unilateralmente?
Le llega a este cuadrúpedo el incipiente mosqueo del PAS, por cierto, ante cosas como ésta y la que viene: se sienten, no sin razón, los paganini de todo, mientras ven cómo los de arriba no se quieren bajar el sueldo y los que sí lo hacen a la fuerza -catedráticos por ejemplo- pueden esquivar fácilmente la presunta dedicación exclusiva que tienen para dedicarse a otros quehaceres laborales remunerados o, como diría el castizo, tocarse la zona nasal mientras suenan las liras. No para todos, por cierto, que en fechas bien recientes ha crecido la lista de depurados: un hombre y una mujer, a más señas.
Esto es Topo, amigos. |