Antes, dabas una patada y aparecían ‘decenas’ de inmobiliarias. Con la crisis, los establecimientos de ‘Compro oro’ han ocupado su lugar, con llamativos carteles de color dorado y con el reclamo de ‘dinero al instante’ en gigantescas letras. Sin embargo, ¿son justas las tasaciones? ¿Existen abusos en el sector? Un breve recorrido por algunos de los locales de Alcalá basta para hacernos una idea de cómo funcionan algunos negocios.
Echamos mano del joyero y encontramos un cordón, una pulsera y un colgante de oro que nos servirán para tantear el terreno. Con nuestras alhajas en la mano, hacemos la primera parada en una ‘joyería de confianza’. Queremos saber, primero, cuánto pesa y, después, cuanto dinero nos darían por ello, con un valor máximo y uno mínimo.
En primer lugar, el joyero o dependiente del establecimiento debe verificar si la mercancía es auténtica o no. La técnica más habitual es ‘la prueba de ácido’. Consiste en rallar la joya sobre una piedra y verter una solución que nos permitirá conocer si, realmente, es oro o no. Prueba superada. Las tres joyas son de oro, eso sí, de 18 quilates.
“Muchos locales anuncian en sus fachadas que pagan el gramo a 26 euros, pero esa referencia sólo es válida para el de 24 quilates, y pocas joyas son de oro puro”, explican nuestros joyeros de confianza. “La referencia que se puede tomar es el de www.kitco.com, de Nueva York. Es viernes, y la tasación de esa jornada es de 18,2 euros el gramo. Ése podría ser el valor máximo que nos podrían ofrecer por nuestras tres joyas. “Aunque también se suele aplicar una merma, que puede rondar el 5% por suciedad, pegamento, etc”, añaden.
Otra prueba que se suele realizar es la del imán, que sirve para detectar que las alhajas no llevan ningún metal mezclado.
El siguiente paso consiste en pesar la mercancía. En el local de confianza, el cordón pesa 5,85 gramos. La pulsera, 2,65 gramos y la luna, 2,40. En total: 10,9 gramos de oro.
Comprobada la autenticidad y pesada la mercancía, llega la hora de la verdad... ¿Cuánto dinero podríamos obtener? “180 euros por las tres cosas. Como máximo, en otro local te podrían ofrecer hasta 197,50 euros, y como mínimo, 168 euros”.
Con estos datos en la mano, nos lanzamos a la búsqueda del mejor postor. Nuestra primera parada: Juan de Austria. Allí nos atiende un joven que realiza la prueba del ácido pero que su primer comentario es acerca de lo “delicados que son estos cordones”. Dicho lo cual, su primera oferta es un número redondo: 100 euros. ¿Cuánto pesa?, pregunta la periodista. “10 gramos”. Tras unos segundos de silencio, el vendedor comenta que en estos momentos hay una promoción de 20 euros, y que el precio final sería de 120. Sin apenas añadir nada más, llega la última oferta, con condiciones. “Te doy 150 euros si me lo dejas ahora”, mientras muestra 3 billetes de cincuenta a la posible vendedora. “El oro baja, los mercados fluctúan, y tal y como están las cosas, seguramente desciendan más”, explica. Un razonamiento de lo más ‘convincente’ cuando, en época de crisis, su valor siempre se revaloriza y es denominado como ‘inversión segura’.
Con esa oferta anotada en nuestro bloc (considerada por, nuestro joyero de confianza, muy por debajo de lo que podría considerarse correcto), nos dirigimos al segundo local, en la Avenida Gudalajara. A diferencia del anterior, a nuestro actual dependiente le sobra la prueba de ácido para comprobar la autenticidad de las joyas. “¿Te lo han tasado antes? ¿Cuánto te han ofrecido?”, pregunta. “150 euros”. Con esa referencia, el comerciante agarra la calculadora para repetir la operación de suma y multiplicación varias veces hasta dar con un resultado satisfactorio. “170 euros. En realidad son 168 euros –dice, mostrando la calculadora– pero lo redondeamos a ese precio si lo vendes ahora”. Como en la anterior ocasión, tampoco somos capaces de ver cuánto marca la báscula (“10,5 gramos”, contesta). Eso sí, el dinero nos lo daría en efectivo, en ese momento con nuestro DNI.
Lunes, 14. Próxima parada: Paseo de la Estación. Mismos letreros llamativos, mismas tonalidades, misma operación. Sólo por el cordón y la pulsera (dejando fuera la luna) ofrecen 90 euros. Con la luna, y pesada aparte, el precio asciende a 120 euros. La decepción en el rostro de la periodista despierta al regateador que abunda en este tipo de establecimientos. “¿Cuánto tenías pensado?”, inquiere. “No lo sé”, respuesta. “Te doy 150 euros hoy. Me dejas tu DNI, lo fotocopio y te doy el dinero ahora mismo”. Una vez más, desconocemos cuánto pesan nuestras joyas. Sólo que el colgante vale prácticamente igual que la pulsera o el cordón. “El oro raramente sube porque los mercados están muy mal”, insiste el vendedor.
Última parada: C/ Pintor Juan Arellano. El dependiente realiza la prueba del imán y del ácido. El peso se ajusta al valor de nuestro joyero de referencia (10,86). Oferta: 160 euros. El empeño es otra opción: oferta 92,31 euros en efectivo y guarda las alhajas por un mes. Para recuperarlas, habrá que abonar 108,6 euros (su peso en oro), y por cada mes en ‘depósito’, pagar 16,29 euros de intereses. Sin duda, un negocio redondo para todo aquel que necesite dinero y con urgencia. El oro, en crisis, se compra barato. |