“No estamos como la Complutense”. Es la respuesta, casi automática, que surge desde el equipo rectoral de Fernando Galván cuando se le pregunta si la Cisneriana seguirá la senda de la principal universidad pública de la Comunidad de Madrid, que sufrirá un gran ‘tijeretazo’ de para hacer frente a la crisis económica.
La pasada semana el homólogo de Galván en la Universidad Complutense de Madrid (UCM), el siempre beligerante con el Gobierno de Esperanza Aguirre Carlos Berzosa comunicó a los sindicatos y a los decanos de su facultades que tiene sobre la mesa un plan para reducir los gastos en 15 millones de euros. Y es que la situación en la UCM es, al parecer, de alerta roja: con una pasivo de 150 millones de euros, se ha tenido que aplazar cuotas de la Social e Impuestos para garantizar el pago de salarios a sus 10.000 empleados.
El plan detallado de ajuste propiciado por Berzosa pasa por gastar 950.000 euros menos en gratificaciones, protocolo, conferencias y comisiones de servicio; 275.000 euros en altos cargos y en el parque móvil de la Complutense; 600.000 euros cortando el grifo de los créditos internos a los trabajadores de la Universidad, renovando sólo el 10% de las bajas y dedicando menos presupuesto al capítulo de formación; también quiere obtener ingresos mediante el arrendamiento de propiedades de la UCM. La Universidad Complutense necesita reequilibrar su maltrecho presupuesto, con más gastos que ingresos desde 2007. Por eso va a subir todo lo posible el precio de las matrículas del próximo curso: el 5,5%, según publicó el diario El País el sábado. También reducirá la plantilla de profesores. El plan incluye a corto plazo eliminar altos cargos, alquilar inmuebles propios y ahorrar en protocolo y móviles, un gasto que se había disparado.
En la Universidad de Alcalá, mientras tanto, esta situación y estas férreas medidas de recorte quedan muy lejos: “La de la Complutense es una situación muy diferentes a la nuestra”, señaló a Diario de Alcalá el vicerrector de Planificación Académica y Profesorado, José Vicente Saz, que, para empezar, precisó que la deuda que afronta el equipo de Berzosa no tiene nada que ver con la heredada por Galván en la UAH, “ni con ninguna otra universidad pública madrileña”.
Saz precisó que la deuda actual de la Universidad de Alcalá es “histórica, de los tiempos del profesor Manuel Gala. Durante los mandatos de Virgilio Zapatero se redujo en un 80% y en ese periodo no se generó más pasivo. Otra cosa es cómo nos financien o dejen de financiarnos las administraciones públicas. A día de hoy con el contrato programa firmado con la Comunidad de Madrid, si se mantienen las condiciones actuales, la UAH no tendrá un problema parecido”.
En la Complutense, sin embargo, han puesto sus barbas a cortar. La universidad pretende ingresar 15 millones extra, cuatro de ellos por la subida de las matrículas. Incluso baraja penalizar con tarifas más altas a los repetidores. Hasta ahora la Complutense había preferido reducir el aumento de las tasas al mínimo marcado por el Gobierno regional. Pero todo ha cambiado por la difícil situación financiera, que ha forzado a la universidad a retrasar pagos a Hacienda y a la Seguridad Social.
El titular cisneriano de Planificación Académica y Profesorado también dejó patente la posición del equipo rectoral de Galván sobre posibles recortes salariales en los altos cargos de la UAH, que Galván acomodará a lo que se decida en el seno de la Conferencia de Rectores de la Comunidad de Madrid (Cruma). Y por el momento, parece que en Alcalá no veremos, aunque testimoniales, gestos, como el del nuevo rector de la Universidad de Valladolid, Marcos Sacristán, que anunció en su reciente toma de posesión que se bajaría el sueldo y el de su equipo.
“Nos afecta el Real Decreto"
La UAH no tiene altos cargos. En la Universidad, un alto cargo es alguien designado que tiene un sueldo y aquí eso no existe porque un decano, un director de departamento y un vicerrector, incluso el rector, lo que tiene es un complemento a su sueldo que no llega a ser nunca ni el 40% del sueldo”, respondió José Vicente Saz, que aseguró que el recorte salarial a los funcionarios recogido en el plan de recortes del Gobierno de José Luis Rodríguez Zapatero, “también nos ha afectado, en más cantidad que a los profesores”.
Para Saz no tendría sentido que Galván tomara la iniciativa en este sentido, con un recorte adicional de emolumentos en el equipo rectoral: “Imagínese, por ejemplo, que a un director de departamento, un decano o un vicerrector le redujeran un complemento de apenas unos pocos cientos de euros por un trabajo que le lleva un mínimo de cuatro o cinco horas diarias. Habría un problema de gestión en la UAH. Un alto cargo consolida su sueldo, un vicerrector o decano no”.
Saz sí afirmó, en cambio, que tras la llegada del nuevo equipo rectoral encabezado por Galván, lo que se han reducido en la Cisneriana son los cargos de confianza. Y puso como ejemplo al propio rector, que, según Saz no ha nombrado “todavía”.
“No sé si tiene pensado hacerlo, pero me imagino que Galván será muy parco en eso”, apuntó el vicerrector de Planificación Académica y Profesorado, que confesó que él mismo ha tenido que renunciar a “dos directores generales y un técnico”.
José Vicente Saz tampoco vislumbra que pudiera haber un ejecutivo cisneriano con menos carteras: “No es una cuestión trascendente, aunque, a lo mejor, desde un punto de vista estético, alguien puede pensar que sí lo es”.
Fernando Escudero. |