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“Cuanta más presión, más nos hundirán”
Redacción - martes 18 de mayo de 2010 a las 10:48 horas
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El gremio de hosteleros de Alcalá ve con inquietud la nueva normativa contra el ruido.

 

Aún sin conocerla en profundidad, la nueva normativa contra la contaminación acústica que ha diseñado el Ayuntamiento de Alcalá preocupa a los profesionales de la hostelería, que creen que puede acrecentar aún más la crisis que sufre el sector.


“Cuanta más presión suframos, peor para nosotros, nos hundirán”. Así de tajante se mostró ayer el presidente de la Asociación de Hosteleros de Alcalá de Henares, Conrado Real, que cree que el aumento de las sanciones económicas al exceso de decibelios puede  agudizar los malos tiempos que corren en los bares de copas y discotecas de la ciudad complutense.


Para Real, además, la introducción de tres tipos de licencia en función del horario (diurno, de 07.00 a 19.00 horas; vespertino, de 19.00 a 23.00; y nocturno, de 23.00 a 07.00) “puede generar cierto caos”.


“Lo primero que debería hacer el Ayuntamiento, antes que una nueva normativa contra el ruido, es vigilar que se cumpla la normativa actual. Hay muchos locales que no cumplen lo que dice su licencia, tanto en cuestión de actividad como en cuestión de horarios”.


Más contemporizador con las medidas que prepara el equipo de Gobierno de Bartolomé González es David Calvo, gerente del complejo de ocio nocturno Garena Plaza: “En cierto modo, vendría a complementar la normativa interna que tenemos nosotros. En cuanto a las nuevas sanciones, se trata de una ordenanza en principio disuasoria. Veremos si redunda en el cumplimiento de la nueva norma”.


El ruido provocado por los locales de ocio en Alcalá ha dado lugar, en los últimos años, a la aparición de vecinos transmutados en David en su lucha contra el Goliath de la contaminación acústica. Si en 2006 Alcalá asistió a la suspensión del cine de verano del Teatro Salón Cervantes por las denuncias de un vecino que el Consistorio acabó por considerar razonables, en 2008, la batalla por el descanso nocturno frente a la diversión nocturna con exceso de decibelios tuvo rostro en el matrimonio formado por Blas Antonio García y Paloma Quero.

 

Blas y Paloma, que viven en una de las principales zonas de copas del Casco Histórico, frente a la facultad de Económicas de la Universidad de Alcalá, estuvieron desde 2006 denunciando su incapacidad para dormir por culpa de la contaminación acústica. En pleno verano, el Seprona llegó a contabilizar en su domicilio 64,4 decibelios, cuando el máximo para este tipo de zona y horario es de 30.

 

Esta guerra llevó incluso a Paloma a pasar por los tribunales, aunque con fortuna. Fue absuelta por subirse al escenario de un concierto con sus hijas y un colchón para protestar por el ruido”.

 

F.E. / M. C.


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