La transparencia del agua puede engañar muchas veces. Las modernas tecnologías de análisis pueden encontrar sustancias que hasta ahora eran indetectables. Es lo que sucede con restos de fármacos y productos de belleza, que discurren por ríos como el Henares. Por ahora, no son un problema para la salud ya que su concentración es “extraordinariamente baja”, pero lo especialistas sugieren que se haga un seguimiento para prevenir las consecuencias.
El río Henares, como sucede en otros de la Comunidad de Madrid, ofrece una gran belleza, pero también es un espacio amenazado por la actuación humana. A pesar de la estricta regulación de las estaciones de tratamiento, las aguas de los ríos esconden muchas veces sorpresas bajo la aparencia pura y cristalina. Un estudio elaborado por científicos del Instituto Madrileño de Estudios Avanzados (IMDEA) y de la Universidad de Almería (UAL) publicado en el último número de la revista Journal of Environmental Analytical Chemistry asegura que los ríos de la región contienen 88 sustancias contaminantes. En realidad es lo que se denomina contaminantes emergentes y tienen su origen en productos de uso doméstico como medicamentos, fragancias, cremas, champús y biocidas.
Así lo explica el director de la Fundación Imdea Agua, Eloy García Calvo, quien aclara que aunque se habla de contaminantes “no hay motivos para alarmarse porque son concentraciones extraordinariamente bajas”. Este experto, que es uno de los coautores del estudio científico, explica que se debe a que las depuradoras no degradan el 100% de estos productos, que precisamente son cada vez más usados por los ciudadanos. Además, no es extraño que el aumento poblacional esté relacionado con las zonas cercanas de ríos a áreas metropolitanas, como puede ser el caso de Madrid o Alcalá. “Lo más abundante son productos farmacéuticos y de cuidado personal”, aclara. Pero insiste en que no constituyen ningún peligro y explica que se han dado parecidos resultados en una veintena de grandes áreas metropolitanas de Estados Unidos y otras regiones superpobladas. No obstante, cree que dada la ausencia de este tipo de estudios y aunque no son un problema “hay que hacer un seguimiento para evitar sus consecuencias”.
De hecho, aunque hay una estricta normativa para preservar la calidad de las aguas, en el caso de los contaminantes emergentes no es así, precisamente porque “sus concentraciones son muy bajas”. Pero será cuestión de tiempo. Por ejemplo, no existe una legislación que regule los niveles máximos de las concentraciones de medicamentos en el agua y las estaciones de depuración de aguas no cuentan con la tecnología adecuada para su eliminación, aunque ya son muy numerosos los estudios europeos que evidencian la presencia de este tipo de contaminantes en sus ríos.
Aunque en ningún país del mundo estas sustancias se terminan de degradar por completo, pese a que “el porcentaje de eliminación es muy elevado”, el director de la Fundación Imdea Agua está convencido de que, al menos, en un plazo de “10 ó 15 años se regularán ya que cada vez es más fácil detectarlos por las modernas tecnologías”.
Éste no es el primer estudio en este sentido. Así, Europa Press recoge una investigación llevada a cabo por el grupo de investigación en Salud Pública y Ecotoxicología ToxAmb de la Universidad Rey Juan Carlos (URJC), según informa Madri+d , entidad dependiente del Gobierno regional, señala que las aguas de los ríos más importantes de la región y el agua potable de las principales zonas de abastecimiento de la Comunidad contienen la presencia de 55 medicamentos y tres metabolitos de los principales grupos terapéuticos, los llamados contaminantes emergentes.
Las 55 sustancias analizadas se encontraron en concentraciones muy bajas excepto para 13 medicamentos cuyas concentraciones superaron la media de 1 microgramos por litro, como el diclofenaco, ibuprofeno, metronidazol, cafeína, paraxentina, atenolol y bezafibrato. Del mismo modo, descubrieron concentraciones muy bajas de nicotina, cafeína y cotinina en el agua potable de las principales zonas de suministro de la Comunidad. Las consecuencias y los efectos para la salud pública se desconocen. Lo mismo que el efecto de exposiciones continuadas a bajas dosis de estas sustancias sobre los organismos acuáticos.
José Luis Enríquez. |