Ha concluido ya la restauración de los documentos que contenía la cápsula del tiempo alojada en 1834 bajo la estatua de Cervantes de Madrid y desenterrada el pasado otoño.
Las restauradoras que han recompuesto los textos legales, los manuscritos, los periódicos y los libros presentaron ayer su trabajo en el Museo Arqueológico ante el director general de Patrimonio Histórico, José Luis Martínez Almeida, que aprovechó para anunciar que la exposición de la urna se estrenará el próximo 28 de junio en la Puerta del Sol. Todos los asistentes al acto, que se desarrolló a mediodía en el laboratorio del museo, se asombraron ante el excepcional estado de conservación de los documentos, fruto del sellado perfecto de la urna y, sobre todo, de la sustancia biocida de olor mareante que se colocó en su interior y cuya composición aún se desconoce.
Celia Martínez, una de las restauradoras, advirtió a los presentes de que se protegieran con mascarillas si querían acercarse a los objetos de la caja “porque el olor aún sigue siendo muy fuerte y puede ser tóxico”. Junto a Victoria de las Heras y Lourdes Rico, expertas todas en restauración de papel, han dedicado las últimas semanas a limpiar y reparar los volúmenes, los grabados y las cuartillas contenidas en el cofre cervantino en su taller. Ayer lo devolvieron al Arqueológico, custodio de la urna desde el pasado diciembre, y donde sí se ha llevado a cabo bajo el cuidado de Javier Casado la restauración de las monedas y las medallas.
Ante el director general y el edil de Patrimonio, Gustavo Severien, protegidos con mascarillas, las restauradoras mostraron los documentos delicadamente enmarcados en cartulinas y plastificados. En eliminar las deformaciones, limpiar el extraño fungicida y reparar pequeñas rasgaduras ha consistido básicamente el trabajo de las restauradoras, que incluso han recuperado los envoltorios de las monedas “porque tienen marcas y hemos querido mantener todas las huellas del tiempo”.
Con especial lustre destacan ahora las cinco láminas con los retratos de la reina Isabel, su madre María Cristina, el mecenas de la estatua Martínez Varela, y el editor Joaquín María de Ferrer; así como la bellísima edición del Quijote de 1832 donada por este último personaje para la ocasión. También se pueden ver alisados los boletines y textos jurídicos del alegato liberal y antiabsolutista que, según los historiadores, es el auténtico tesoro del cofre: la Gaceta de Madrid del 3 de octubre de 1833 con el testamento de Fernando VII, la orden de suprimir la Ley Sálica y la proclamación de su hija Isabel como reina; la Gaceta del 29 de octubre de 1834, con la orden de expulsión de Carlos María Isidro y todos sus descendientes, casus belli de la primera Guerra Carlista; el ejemplar sin guillotinar del Estatuto Real de abril de 1834, una norma general con la que se trataba de rescatar el espíritu liberal de la Constitución de 1812; y el discurso de María Cristina ante las Cortes el 24 de julio de 1834, pocos días después de ser nombrada Regente.
Itinerancia Todos esos objetos podrán ser contemplados por el público a partir del 28 de junio en la Real Casa de Correos, según anunció Martínez Almeida, que también adelantó que “la exposición podría itinerar por España, ya que otras Comunidades se han interesado por ella”. Hasta el día de la exhibición, los historiadores seguirán trabajando en el contenido de la caja, sobre todo en los manuscritos que aún no se han desentrañado del todo: los Apuntes históricos de José María de Garay y las cuartillas con membrete de ‘Sello de oficio’. La tinta se ha borrado y se usará la luz ultravioleta.
Queda por resolver, asimismo, el enigma del insecticida. “Por aquel tiempo se empezó a experimentar con los fungicidas, y podría ser un derivado de cualquier componente químico”, explicó Celia Martínez, que sólo está segura de una cosa: esa sustancia ha mantenido a raya a los insectos y los hongos durante 175 años. “Fue de lo más eficaz”, sentenció, aunque ha recomendado que los documentos se exhiban protegidos y a baja temperatura.
Pedro P. Hinojos |