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El Topo, de viaje por medio mundo
Redacción - lunes 12 de abril de 2010 a las 17:40 horas
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Hoy El Topo se va de viaje y acaba conmovido: a los valores locales, la Cisneriana le añade un trabajo internacional que activa el lacrimal.

 

El Topo husmea en Alcalá, pero también tiene camada en todos los rincones imaginables de España y, además, en no pocos del mundo: especialmente en aquellos que, en el pasado en blanco y negro, inspiraron el famoso programa televisivo '300 millones'. ¿Se acuerdan, queridos aficionados a la geografía histórica?

 

Aquí en esta madriguera sí, y no será por capricho: si de algo ha presumido la Universidad de Alcalá, es de su visión cosmopolita e internacional, hasta el punto de que no hay país en Latinoamérica -y en menor medida en África- que no cuente con la indeleble huella cisneriana más o menos popular, más o menos conocida, pero en todo caso intensa. Y no nos referimos al insuficientemente valorado Javier Valenzuela, padrino de la encantadora Dácil Marín. Tampoco a la infravalorada Casa de América, cuna de cerebros privilegiados que exportan talento y cicodes allá donde se necesita. Ni siquiera hacemos mención a las insuperables gestiones del universitario iberdorlense Manuel Marín allende los mares, en compañía de Florentino Pérez y otros ilustres prohombres de la justicia universal.

 

No hombre no: la cosa es más intensa, más solidaria, más cooperante, más relevante para la humanidad al pleno. Que se haga a través de una empresa que es filial de otra plagada de hermanos y demás familia no hace justicia a la nobleza de los objetivos. Que se haga en jornada laboral, con fatigosos viajes que obligan a cruzar el charco cada poco tiempo, no es más que un duro peaje a pagar para atender tan elevada misión histórica.

 

Que se relacione con siglas y partidos políticos desde Méjico hasta Argentina, pasando por Chile o la República Dominicana, tampoco: ésos son los requisitos indispensables para atender la noble tarea de hermanar culturas, formar dirigentes, establecer relaciones universitarias, crear indispensables cátedras y, finalmente, devolver a la sociedad lo que la sociedad ha depositado en tan insignes emprendedores, tras facturar lo que hace falta para sostener tan impagables cometidos.

 

 

Gandhi vive, y está entre nosotros: o al menos, entre ellos

 

El Topo está dispuesto, en fin, a enfrentarse con todo aquel que encuentra pegas a la miriada de grandezas esparcidas por émulos de Gandhi y, si las bases del galardón lo permiten, a presentar la candidatura de la cúpula universitaria de ahora y de antes al Príncipe de Asturias de Humanidades. Para que luego digan que aquí hay mal rollo, quédense con este boceto de apuntes para concluir, conmigo, que no somos capaces de valorar la ímproba tarea que unos cuantos visionarios llevan mucho tiempo haciendo delante de nuestras narices sin que tengamos el detalle de rompernos la mano a aplaudir: ya están tardando Manuel Gala, primigenio instigador; Virgilio Zapatero, continuador incansable; y Fernando Galván, receptor y continuador de una saga entrañable, en suscribir esta sincera propuesta que a buen seguro prosperará si el conocido oficio y agenda de Sotelsek echa un cable y el mago Botín pone su talento al servicio de la causa. ¡Grandes, que sois muy grandes! Los Topos no lloran, pero a este modesto cuadrúpedo se le saltarían las lágrimas si ello fuera posible.

 

Esto es Topo, amigos.


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