Cuando Pilar Rodríguez, Jefa de la Unidad de Tobillo y Pie del Hospital Príncipe de Asturias, pasa por delante de una zapatería, piensa en la cantidad de trabajo que va a tener al día siguiente. Por eso, al dicho ‘antes muerta que sencilla’ ella le da un revés para defender ‘antes sencilla que con los pies destrozados’. Y aunque los tacones estilizan y gustan, “sobre todo a los chicos”, son los grandes enemigos de nuestro cuerpo. Y ahora que se acerca Semana Santa, toda una penitencia.
“El abuso de los tacones puede provocar daños no sólo en el pie, también fuera de él”, explica Rodríguez. “Desde metatarsalgias (dolor en la parte anterior de este miembro) hasta deformación de los dedos (en garra, de martillo...), pasando por neuromas de Morton (la compresión de un nervio) o la retracción del talón de aquiles”. ¿Y todo esto por medir unos cuantos centímetros de altura? “Sí”.
“Con los tacones, el centro de gravedad se va hacia delante, entonces fuerzas también la columna y es fácil que aparezca artrosis en ésta y en la rodilla”.
Pero, si los tacones son tan dañinos, ¿por qué seguimos calzándonos en ellos? “Con zapatos, la figura se estiliza, y para buscar el equilibrio, se arquea la columna y se saca pecho”. Rodríguez ha hecho un estudio de campo y ha preguntado a sus sobrinas por qué los emplean. “Ellas se siente más guapas y a ellos también les gusta, pero lo cierto es que cuando una mujer llega a casa, lo primero que hace es deshacerse de los tacones”.
Llega la Semana Santa, por eso es importante que apliquemos el sentido común y la comodidad a nuestras rutinas, y eso las procesiones. Rodríguez le echa humor. “Como penitencia, propondría a los hombres que durante las procesiones llevaran tacones. Así entenderían lo que sufrimos” . |