Buenos días,
Nuestro invitado de hoy es, nominalmente, el vicepresidente de la Comunidad de Madrid. Además es uno de los nombres más conocidos, queridos, respetados y también criticados del PP en toda España: no sólo por sus rivales; también por ese tipo de compañeros y amigos que hacen bueno el dicho de Baltasar Gracián: “Triste cosa es no tener amigos, pero más triste debe ser no tener enemigos, porque quien enemigos no tenga, señal de que no tiene: ni talento que haga sombra, ni valor que le teman, ni honra que le murmuren, ni cosa buena que le envidien”.
Ignacio González acumula amigos y enemigos, en una paradoja sólo aparente que explica su existencia política y personal: es el hombre duro de la Comunidad, pero también el hombro blando en el que lloran no pocos de sus compañeros cuando tienen un problema; es el jefe en la sombra que coordina el gobierno autonómico quizá más poderoso de España, pero también el saco terrero que para golpes propios y ajenos; es el hombre que suena para todo, sea la presidencia de Cajamadrid o de la nueva Iberia… pero sigue y seguirá al lado de Esperanza Aguirre en la Puerta del Sol…. Es el hombre que parece muy del PP…. Y es muy del PP.
El vicepresidente de la Comunidad de Madrid es un gran conocido para la opinión pública y los estamentos políticos y sociales, que unánimente le reconocen al menos dos virtudes: el coraje, que según Napoleón es atributo indisimulable de quienes no pueden ser hipócritas ni intentándolo; y la inteligencia a la manera de Aristóteles, esto es, como vehículo para acumular conocimientos y destreza para aplicarlos en la práctica cotidiana.
González compone con Aguirre una de esas parejas míticas de la política española, como González y Guerra o Aznar y Cascos, pero en realidad tiene más alma del eminente Doctor Watson de Sherlock Holmes que, valiendo para dirigir las pesquisas y llegar a un objetivo, prefiere el camino de la lealtad y antepone el fin colectivo al premio personal. Aunque no se lo crean, le hace más feliz comerse media tableta de chocolate mientras escucha a Aretha Franklin, besuquear a sus niñas, emular malamente al Raúl del Madrid de sus amores, enredar con el último cacharrito tecnológico y aplaudir a Morante en Las Ventas que pegarse con el de enfrente en una batalla siempre dura para el rival: no es fácil derrotar a un político que maneja el verbo como Guillermo Tell las flechas y, sobre todo, tiene la horrorosa costumbre de prepararse los temas con el ánimo de un entomólogo descifrando los secretos más delicados de una mariposa: este hombre se lee hasta los prospectos del champú y ha hecho de la lectura de la letra pequeña un arte para cazar a sus presas rehuyendo del Groucho Marx que decía aquello de ‘Estos son mis principios, si no le gustan, tengo otros’. Los de Ignacio González, gusten o no, son claros siempre.
De mechones a mechones, vicepresidente, torero y taurino como es usted, la plaza es suya y espero que abra la puerta grande sin más cornadas que las estrictamente necesarias. Todo suyo. |