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En países como Suecia, desde hace años existe un modelo mixto de pensión donde los trabajadores tienen cuentas propias que registran sus aportaciones a lo largo del tiempo para, posteriormente, hacer las devoluciones. Y además tienen la opción de administrar parte del importe eligiendo fondos de capitalización tanto públicos como privados. Sin embargo, en nuestro país “no existe una alternativa atractiva a las pensiones públicas”, según Ángel Luis Alfonso, laboralista. “Todos los Gobiernos han sido timoratos en este sentido y a día de hoy no existe una ventaja fiscal salvo la de diferir impuestos”.
De la misma opinión es José Ángel Sebastián López, asesor fiscal. “Desde la reforma de 2007, el tratamiento fiscal ya no incentiva las aportaciones a fondos puesto que, en la mayoría de los casos, no se obtiene un verdadero ahorro ya que se tributa íntegramente por el capital acumulado en el momento de su cobro, tanto si se recupera en forma de renta o en forma de capital”. El objetivo de esa reforma fue desincentivar el cobro en forma de capital y que estos instrumentos de ahorro se convirtieran en un complemento real de la pensión pública. “Pero no se ha conseguido”, opina Sebastián.
En parte, por la “escasa cuantía de los capitales aportados que suponen rentas vitalicias insuficientes” y también porque no existe ninguna ventaja fiscal para las rentas obtenidas de los planes, “ya que tributan en su totalidad, y lo harán siempre a los tipos marginales del contribuyente”. Y nadie puede garantizar que, en un futuro, sean menos que los actuales. Si a ello se suma el hecho de que la mayoría de los planes obtienen rentabilidades pequeñas, cuando no pérdidas, entonces tenemos las razones por las cuales los planes privados de pensiones no triunfan en España. |