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Ante la realidad, medicina de fantasía
Noelia Torres - martes 16 de febrero de 2010 a las 12:46 horas
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La hija de Juan Marsé presenta sus nuevo libro de cuentos ‘Fantasías Animadas’

 

Berta Marsé (Barcelona 1969) es una cuentacuentos. Ya lo hizo con ‘En jaque', su primer libro. Sale, cotillea, ve, escucha, se deja influenciar y luego, hila todo ese material y lo hace cuento. Para contarlo. “En una fría tarde de febrero en Alcalá", Berta Marsé presentó a su última criatura Fantasías Animadas, en la librería Liberarte. Un libro que recoge relatos breves, describiendo el día a día cotidiano de unos personajes con una tendencia común a fantasear, tal y como reza el título, para enfrentarse a la realidad; aunando humor y drama. Como la vida misma.
- ¿De dónde saca a sus personajes?
- Lo saco del pasado y del presente. Las historias vienen de lo que veo. Siempre estoy con la antena puesta. Todas son cosas que he oído, que me han pasado, que me han dicho, cosas que me cuentan. Tengo un amigo que siempre dice no le contéis nada a la Berta. Yo no escribo por inspiración. Tengo una nevera de diferentes alturas llena de historias, la abro y junto cosas, las mezclo. Se trata de seleccionar una y darle vueltas.
- ¿Hay parte suya en todos los relatos?
- Sí, a veces lo que ves a través de otros, lo quieres entender y al escribirlo, necesitas explicarlo y que pase por tu filtro. Analizas según tus propios criterios y experiencias y siempre queda algo de ti.             
- ¿A quién va dirigido Fantasía Animadas?
- Desde el adolescente inquieto para arriba. Cualquier edad y sexo, espero.
- ¿Quién fantasea más, adultos o pequeños?
- Pensaba que los pequeños pero a medida que voy creciendo, me doy cuenta de que, el que es fantasioso, lo será toda la vida.
- ¿Se puede considerar este género literario como un elemento terapéutico en los tiempos que corren?
- Bueno, en el tiempo en el que vivimos, en el que todo va más deprisa, puede ayudar. Si te vas a la cama y te lees un cuento, da gusto acabar y cerrar algo.
- ¿Cual es el predilecto de sus relatos?
- Cocinitas, que es algo que nos pasó a una vecina y a mí, cuando éramos pequeñas. Trata sobre dos vecinitas puerta con puerta, de familia modesta, que tiene otra vecina pudiente a la que le traen un supermercado ‘de la ostia’ y ellas tienes mucha envidia.
- ¿Cree que la envidia es un deporte nacional?
- Creo que es un deporte internacional. Hay una envidia que no es mala, es sana, como el de estas niñas y luego hay otra envidia, que es la de la felicidad de los demás que sí es mala.
- Decían de su otro libro En Jaque que usaba muchas palabrotas ¿Está de acuerdo?
- Eso lo dijo mi editor. Yo no creo que haya tantas, aunque seguro que hay gente que lo lee y piensa que soy una ordinaria. Intento que suene lo más natural posible y es que hablamos fatal (risas).
- ¿Le preocupa la primera frase?
- No. Me preocupa por dónde empiezo a contar. De hecho, cuando sabes por donde empiezas, sientes un gran alivio porque arrancas. La primera frase, a veces, es más llamativa, más bonita o más normal, y queda bien.
- ¿Por qué el título Fantasías Animadas?
- Los cuentos tienen en común la fantasía de los protagonistas, ya sea por exceso, o por necesidad de evasión. Es en esa fantasía en la que se apoyan. Animadas, me recuerdan a la infancia por los dibujos animados. Lo puse provisional hace tres años. Me parecido bonito, pasaron tres años, y así se quedó.
- Ilustran el libro un dibujo de Batman y Robin dándose un beso…
- Yo tenía pensado una ilustración de Mark Ryden. Un dibujo de una niña dormida que de su estómago, le sale un demonio ondulante, pero no hubo manera. Encontré ésta y dijeron que sí. No sé si pega, pero animados están.
- ¿Mano, boli y papel?
- No. Escribo directamente en el ordenador.
– ¿Qué pretende con sus cuentos?
– Yo no pienso en el lector, en qué pretendo que sienta. No sé. Me gustaría que le pasara lo mismo que me pasa a mí cuando leo las cosas que me gustan: emocionar, divertir, inquietar, angustiar, hacerle sentir algo. Mientras escribo, no pienso en nadie, ni veo, ni oigo, porque estoy inmersa en la parte esa horrible.
– ¿Le angustia el papel en blanco?
– A mí esa es la etapa que más me gusta. Cuando estás dándole vueltas. Sales, escuchas, miras, cotilleas, estás abierta y receptiva. Lo que más me cuesta es cuando ya sé por dónde empezar. Es cuando te sientas, cierras la puerta e hincas los codos. Es como levantar el muro: pesado, lento y solitario.
– ¿Cómo sabe que lo ha acabado?
– Eso no sucede. Seguro que cojo de nuevo uno de estos cuentos y lo rehago porque veo fallos. La perfección no existe pero en algún momento lo tienes que dar por cerrado. Ya sea por fecha, o porque ya no puedes más.
- Es hija de Juan Marsé. Desde el punto de vista literario ¿Tiene algo que ver con su estilo?
- No lo sé. Me gustaría parecerme en su disciplina porque mi padre tiene una capacidad de concentración muy importante.
– En carácter ¿A quien ha salido?
– Más a mi padre, un tipo duro.
– ¿Le corrige su padre?
– Tengo un par de amigos sinceros que me leen y son de los que me fío. Mi padre y mi madre también me leen pero bueno…
– ¿Le hace caso siempre?
– A veces. Te dicen cosas que tú no ves, como que te estás repitiendo. Otras veces piensas: tienes razón pero a mí me gusta y yo lo pongo.


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Berta Marsé en la librería Liberarte. Foto: Elena Boto
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