Siempre le ha gustado el baile. De hecho, ella misma va a clases para perfeccionar su técnica “y no dejar de aprender para poder enseñarles mejor”. Para que luego no se diga que le falta dedicación.
Es ama de casa y dueña de la pista de baile. Ana Rodríguez es profesora de sevillanas y bailes de salón del Grupo Cultural El Val del Distrito V. Una asociación sin ánimo de lucro que oferta actividades gratuitas y en la que caben todos los vecinos de hasta 60 años de edad, que quieran disfrutar de su tiempo libre de manera lúdica, ya sea bailando, haciendo gimnasia, o dedicándose a las artes plásticas como las manualidades.
“Somos varias monitoras de danza, unas cinco; otras tantas de manualidades; y otras de gimnasia que damos clases gratis y que venimos a pasárnoslo bien", explica Ana, una mujer de porte sereno y elegante, con figura de bailarina. Lo que es. Rodríguez, además, apunta que en la asociación se hace todo de manera altruista y que “nos dirigimos a un sector que no tiene cabida en las actividades que oferta el Ayuntamiento, porque no son consideradas como personas mayores".
La mayoría de las beneficiarias de las propuestas del grupo Cultural El Val, son mujeres cuyos maridos todavía trabajan ya que la jubilación no ha llamado a su puerta (y lo que te rondaré morena tras la subida de los años de trabajo que el Gobierno anunciaba la semana pasada), y por lo tanto, tienen mucho tiempo libre y la necesidad de sociabilizarse, bien sea haciendo gimnasia de mantenimiento, con los bolillos y pintando cerámica, actuando sobre las tablas de un teatro, o moviendo el cuerpo al son de los tambores de los ritmos latinos.
Rodríguez se coloca frente a los grandes espejos que presiden el aula donde bailan todos los días, un local cedido por el Distrito V situado en frente de las piscinas de verano de la Ciudad Deportiva de El Val. Detrás de ella, casi una veintena de mujeres ataviadas con faldas de vuelo a lunares, y mantones floreados en los hombros, imitan sus movimientos, y las hay que hasta improvisan: hoy toca sevillanas. Sin embargo, no sólo de seguidillas viven estas jóvenes bailongas, también dominan el arte del baile latino, la bachatta, el merengue, la cumbia y el chachachá.
“Hay varios grupos, repartidos con varias de las monitoras. Yo unos días doy sevillanas y otros bailes de salón. No hay que aburrirse", sonríe la profesora que anima a todos los que quieran participar que se pasen por la asociación en mayo, cuando vuelvan a ofertar plazas.
Claro que sus chicas están encantadas y por lo que cuentan, sus familiares también. Las hay que llegan a casa y le enseñan al marido lo que han aprendido, e incluso, practican algún paso con él. Otras con esposos más patosos, lo comparten con sus hijos. Cada una a su manera, pero hay algo en lo que todas coinciden y es la estupenda forma que tienen de pasar su tiempo libre.
Tal y como lo explica Ana Rodríguez: “Nos divertimos, nos relacionamos, salimos de casa y encima no nos oxidamos. ¿Qué más se puede pedir?” A estas mujeres no se les puede pedir nada más que bailen ¡Otra, otra, otra!
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