Como son cuatro, cada uno de ellos dispondrá de apenas 4.500 euros para darse a conocer, editar sus programas, montar sus webs, pagar a sus colaboradores -si lo hacen- y hacer vida social de mesa y mantel.
Y otro dato más llamativo aún: dado que esa cantidad no se libera hasta el cierre del plazo de presentación de candidaturas, que es hoy, ¿cómo se están pagando, los pobres, el gasto que ya han hecho? O tiran de su bolsillo, o habitan en la Florencia de los mecenas o se apañan como pueden tirando de los recursos de sus departamentos.
El caso es que maquetar e imprimir un libro, como ha hecho Galván; lanzar una web, como han conseguido todos los candidatos, o montar actos de presentación en distintas latitudes, como ya ha protagonizado o protagonizará el póquer de ases, cuesta una higa, que diría el ínclito Anguita.
Y como nadie quiere pensar que alguna de las empresas más o menos opacas, de los centros más o menos públicos, de las fundaciones más o menos translúcidas está detrás del pago de nada a nadie, El Topo tiene que concluir que Alvar, Morilla, Galván y Peinado están hechos unos machotes: si están dispuestos a jugarse su pecunio, son de fiar. Sin retranca. Esto es Topo, amigos. |