Hasta hace sólo un millón de años el territorio que hoy ocupa la región era lo más parecido a la sabana africana. Una fauna abigarrada y paisajes agrestes dominaron los espacios en que hoy vivimos durante millones de años. El libro Madrid antes del hombre, que acaba de editar la Comunidad de Madrid, descubre esa región indómita.
Rinocerontes enanos trotando por Colmenar Viejo, tortugas gigantes tomando el sol en la Casa de Campo, jirafas de tres cuernos paseándose con elegancia por los alrededores del Vicente Calderón, tigres de dientes de sable acechando a sus presas en los alrededores de Torrejón de Velasco, y piaras de jabalíes y manadas de antílopes surcando con parsimonia el valle del Henares. Eso sería exactamente lo que encontraríamos en nuestro entorno si tuviéramos a mano una máquina del tiempo y pusiéramos en el contador en el año -14.000.000.
Mientras llega esa máquina prodigiosa, bien vale repasar Madrid antes de hombre, el libro con el que la Consejería de Cultura ha iniciado la colección Madrid, una historia para todos, puesta en marcha con motivo del veinticinco aniversario de la asunción de las competencias en patrimonio. Y nada mejor para iniciar ese recorrido por los océanos del tiempo que “mostrar el escenario más antiguo de nuestro territorio, sobre el que, en épocas más recientes, el hombre ha construido su historia”, en palabras del director general de Patrimonio Histórico, José Luis Martínez-Almeida, para la presentación de esta obra.
Dos expertos en la ilustración paleontológica y la interpretación del patrimonio natural, Mauricio Antón y Jorge Morales, son los coordinadores de este libro de impactantes recreaciones visuales de parajes madrileños en tiempos tan remotos, a partir de las investigaciones paleontológicas de un equipo de diez especialistas.
El relato se remonta a los momentos en que el mar ocupaba la región al completo. Sus avances y retrocesos, más la emergencia de las primeras cadenas de montanas, fueron configurando con el paso de los milenios el mapa geológico que ha llegado hasta nosotros: la parte noroeste dominada por los relieves de las sierras de Guadarrama y Somosierra y páramos y mesetas excavados por ríos como nuestro Henares al sur.
Las primeras tierras emergidas, ubicadas en la Sierra, se poblaron de bosques de secuoyas, helechos y magnolios hace alrededor de 100 millones de años. Fue el tiempo de los dinosaurios de los que podrían existir restos fósiles en algún estrato de subsuelo, pero aún no ha dado la excavación que permita llegar hasta ellos.
Para encontrar las primeras huellas de animales hay que esperar ‘sólo’ hasta hace unos 20 millones de años. Los grandes mamíferos eran dueños y señores de las grandes praderas que se abrían desde las laderas de la Sierra hasta las orillas de los ríos. El tiempo era más cálido que en el presente, con dos estaciones diferencias: una seca y otra de lluvias torrenciales.
Hace algo más de 14 millones de años, la vegetación herbácea fue ganando terreno a las arboledas, y la fauna se diversificó. Fue el tiempo del Hispanotherium matritense, un rinoceronte genuinamente madrileño, y de los grandes carnívoros, como el Amphicyon major, una mezcla de lobo y oso. De todos ellos han aparecidos fósiles en pleno centro de Madrid y en el aeropuerto de Barajas.
Vinieron luego ciclos húmedos que aumentaron la extensión de los lagos y propició el desarrollo de zonas pantanosas y bosques. La vecina zona de Paracuellos cuenta con muchos registros fósiles de esa época, en la que proliferaron ciervos y jabalíes y también micromamíferos. Precisamente los primeros restos de esta especie fueron hallados en los alrededores de Alcalá por Royo Gómez en 1928 y los definió como Lagopsis penai, algo así como un ratón de campo.
A continuación vinieron las glaciaciones y la alternancia de ciclos helados y húmedos. Mucha fauna desapareció y otra se adaptó al medio con más pelo en el cuerpo y más vida en las cuevas. Y entonces aparecieron los tatarabuelos de la especie humana. Pero esa es otra historia. O más exactamente la Prehistoria.
Pedro P. Hinojos |