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Fallece Francisco Antón, escritor y decano de la prensa de Alcalá
Pedro P. Hinojos - domingo 15 de enero de 2012 a las 19:54 horas
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Impresor de oficio y admirador de Azaña, escribió en todos los periódicos del último medio siglo y la crítica aplaudió su novela ‘La casa de los cuatro vientos’

 

Camino de los 96 años, en la noche del sábado murió Francisco Antón Alted, uno de los grandes nombres de la cultura alcalaína del último medio siglo. El mundo de las letras y, en particular, el del periodismo están de luto. A ellos consagró un talento natural al que dio rienda suelta siempre que se lo permitió la imprenta, donde estaba su auténtico oficio, como le gustaba recordar. Supo, en cualquier caso, compatibilizar ambas dedicaciones y durante más de medio siglo escribió en los principales periódicos locales, despidiéndose en Diario de Alcalá, del que llegó a ser consejero de Dirección.

 

En su ciudad natal, la alicantina Novelda, donde vino al mundo en 1916, se inició su temprana afición por la escritura y también comenzó a colaborar en periódicos, siempre sobre temas culturales. También allí empezó a trabajar en la imprenta, que abandonó para alistarse en el ejército republicano al estallar la Guerra Civil. Combatió en el frente de Guadalajara, un tiempo de su vida del que solía recordar la impresión que le produjo la Alcarria, una comarca de la que quedó prendado para el resto de sus días.

 

Al final de la contienda fue condenado a prisión y recluido en la cárcel de Alcalá, el hoy Parador de Turismo, donde se buscó ocupación de inmediato en la imprenta de los talleres penitenciarios. En ella siguió trabajando cuando cumplió su condena y en ella se jubiló varias décadas después como jefe linotipista. La ciudad complutense se convirtió en su hogar: se casó con una alcalaína y aquí nacieron sus hijos.

 

A mediados de los años 40 comenzó a escribir en los periódicos locales. Su trabajo en la imprenta le permitió trabar relación con los representantes y los colectivos del mundillo cultural complutense, además de con escritores e intelectuales de la capital. En compañía de los Fernando Sancho, José García Saldaña, José Chacón o Francisco Javier García Gutiérrez, entre otros nombres destacados de las letras y la cultura locales, escribió en las páginas de cabeceras como Alcalá, Nuevo Alcalá y Puerta de Madrid. También colaboró con revistas literarias de Alcalá y de Madrid, especializándose en la crítica de libros.

 

En 1957 publicó la novela La casa de los cuatro vientos, un “autorretrato novelado” de “prosa pulcra y sugeridora”, según la crítica elogiosa que le dedicó ABC. No fue la única, lo que hizo pensar que sería el primer éxito de una carrera narrativa triunfal. Pero Antón no volvió a ver publicadas más novelas suyas.

 

Sus inquietudes literarias tuvieron como una única vía a partir de entonces y para siempre los periódicos. Y a través de ellos confesó recurrentemente su devoción por sus paisanos Gabriel Miró y Azorín, por Miguel Delibes o por Manuel Azaña. Del genio creativo del político y escritor complutense llegó a escribir incluso cuando su nombre estaba proscrito. Le enorgullecía especialmente, por ello, el premio Ciudad de Alcalá de periodismo que se le concedió en 1985, que lleva el nombre de Azaña.Y de la defensa de su legado han quedado muchos testimonios más allá de sus artículos. El gran Francisco Umbral, por ejemplo, citó en una de sus columnas, en el diario El País, una carta que Antón le había mandado agradeciéndole calurosamente las buenas palabras que la había dedicado al autor de El jardín de los frailes en un artículo anterior. Tanto le sobrecogió al premio Cervantes su entusiasmo, que plasmó textualmente algunas de las frases de aquella carta, como el siguiente lamento:  “Aquí en Alcalá, hasta hace poco, embadurnaban y destrozaban la lápida que recordaba que en aquella casa había nacido Azaña”.

 

Fervor, además de amistad, le profesaba Antón desde antiguo a Camilo José Cela. Y en vísperas de recibir el premio Cervantes en 1996, le hizo una entrevista antológica para las páginas de Diario de Alcalá, donde empezó a escribir en 1994. Lo siguió haciendo hasta comienzos de la década pasada, con su proverbial escritura vívida y depurada que, por encima de todo, traslucía un cariño imbatible por Alcalá, por su historia y por su paisaje.

 

La enfermedad y su avanzada edad hicieron que viviera recluido, en compañía de su familia, los últimos años de su vida. Su recuerdo y su obra seguirán viviendo en las hemerotecas.


Comentarios Sociales



Comentarios
Fernando Sancho LIzcano Fersanliz09@hotmail.com
viernes 3 de febrero de 2012 a las 09:29 horas
He sentido la muerte de D. Francisco Antón como la de un amigo muy querido y así se lo he manifestado a sus hijos. No obstante, el escribir esta nota viene a colación de que en la noticia se cita a mi abuelo Fernando Sancho Huerta (Luis Madrona)como Francisco Sancho. No tendria mas importancia el error si al hacer comentarios alcalainos tan ilustres y preclaros, hubieran hecho una rectificación sobre el mismo.
José Carlos Canalda
martes 17 de enero de 2012 a las 18:39 horas
De nada, PPH. Me alegra que le haya sido de utilidad.
PPH
martes 17 de enero de 2012 a las 16:48 horas
Estimado Carlos: muchas gracias por su aportación. Sin duda, es un acercamiento de lo más entrañable al genio y figura de Antón. Un cordial saludo.
José Carlos Canalda
martes 17 de enero de 2012 a las 15:57 horas
Me van a disculpar si me autocito. Aunque la entrevista es de hace casi veintisiete años, quizá pueda resultar de interés para alguien.

http://www.jccanalda.es/jccanalda_doc/jccanalda_alcala/artic-alcala/artic-entrevistas/anton.htm
MANOLO REVILLA
martes 17 de enero de 2012 a las 00:32 horas
Con mucho cariño y agradecimiento recordaré a Francisco Antón, gran amigo de mi padre y de su pintura. Vicente Alberto Serrano comenta la publicación en 1986 de un hermoso libro con la selección de sus magníficos artículos en la prensa alcalaína. En la anteportada del citado libro figura una fotografía de Francisco Antón en su casa realizada por Luis A. Cabrera, un óleo de mi padre aparece detrás de él colgado en su pared, con unas claras referencias alcalaínas, las que tanto le gustaban. En su interior un artículo del 5 de marzo de 1983, “Un Joan Miró alcalaíno: Manolo Revilla”, lleno de sinceras palabras de amistad y despedida con un claro homenaje a su pintura… Ya no veré nunca más a Manolo Revilla en la abierta Playa de San Juan .., al final del artículo figura la ilustración de un dibujo de mi padre que conservo en un lugar principal de mi casa y que a partir de ahora me recordará siempre a Francisco Antón.
José Carlos Canalda
lunes 16 de enero de 2012 a las 10:23 horas
Conocí a Francisco Antón gracias a nuestra común condición de colaboradores de Puerta de Madrid, y siempre me pareció no sólo un gran escritor, sino también una gran persona. Hace mucho que dejé de tener noticias suyas, supongo que por las razones que apunta el reportaje de la edad y la enfermedad.

Descanse en paz.
Vicente Alberto Serrano
lunes 16 de enero de 2012 a las 10:05 horas
Francisco Antón me descubrió a Ciro Bayo... y muchísimas cosas más. Me prestó "El lazarillo español" publicado en aquella mítica colección Austral, y también me regaló su novela "La casa de los cuatro vientos". Me descubrió la magia de la imprenta en aquellos legendarios Talleres Penitenciarios y cuando apenas yo tenía trece años me regaló mi nombre en tipografía de plomo para que lo estampase en mis libros juveniles. Nos veíamos de vez en cuando y compartíamos gustos, sobre todo Sender y Azaña. Me descubrió otros muchos escritores y analizábamos la valía de algunos poetas locales. Hace tiempo que le perdí la pista y me devolvían las cartas. En suma, fue un auténtico referente moral y literario en aquellos años grises. Tuve el placer de diseñarle una magnífica antología de sus textos en una impecable colección promovida por Arsenio Lope Huerta. Y siempre he tratado de señalar que fue un guía perfecto desde las páginas del Nuevo Alcalá y Puerta de Madrid, nos marcó el sendero de nuestras lecturas. Admiraba a Gabriel Miró y en realidad su prosa tenía el mismo colorido que el maestro alicantino. Gracias Paco por lo que aprendí de tí.
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