Camino de los 96 años, en la noche del sábado murió Francisco Antón Alted, uno de los grandes nombres de la cultura alcalaína del último medio siglo. El mundo de las letras y, en particular, el del periodismo están de luto. A ellos consagró un talento natural al que dio rienda suelta siempre que se lo permitió la imprenta, donde estaba su auténtico oficio, como le gustaba recordar. Supo, en cualquier caso, compatibilizar ambas dedicaciones y durante más de medio siglo escribió en los principales periódicos locales, despidiéndose en Diario de Alcalá, del que llegó a ser consejero de Dirección.
En su ciudad natal, la alicantina Novelda, donde vino al mundo en 1916, se inició su temprana afición por la escritura y también comenzó a colaborar en periódicos, siempre sobre temas culturales. También allí empezó a trabajar en la imprenta, que abandonó para alistarse en el ejército republicano al estallar la Guerra Civil. Combatió en el frente de Guadalajara, un tiempo de su vida del que solía recordar la impresión que le produjo la Alcarria, una comarca de la que quedó prendado para el resto de sus días.
Al final de la contienda fue condenado a prisión y recluido en la cárcel de Alcalá, el hoy Parador de Turismo, donde se buscó ocupación de inmediato en la imprenta de los talleres penitenciarios. En ella siguió trabajando cuando cumplió su condena y en ella se jubiló varias décadas después como jefe linotipista. La ciudad complutense se convirtió en su hogar: se casó con una alcalaína y aquí nacieron sus hijos.
A mediados de los años 40 comenzó a escribir en los periódicos locales. Su trabajo en la imprenta le permitió trabar relación con los representantes y los colectivos del mundillo cultural complutense, además de con escritores e intelectuales de la capital. En compañía de los Fernando Sancho, José García Saldaña, José Chacón o Francisco Javier García Gutiérrez, entre otros nombres destacados de las letras y la cultura locales, escribió en las páginas de cabeceras como Alcalá, Nuevo Alcalá y Puerta de Madrid. También colaboró con revistas literarias de Alcalá y de Madrid, especializándose en la crítica de libros.
En 1957 publicó la novela La casa de los cuatro vientos, un “autorretrato novelado” de “prosa pulcra y sugeridora”, según la crítica elogiosa que le dedicó ABC. No fue la única, lo que hizo pensar que sería el primer éxito de una carrera narrativa triunfal. Pero Antón no volvió a ver publicadas más novelas suyas.
Sus inquietudes literarias tuvieron como una única vía a partir de entonces y para siempre los periódicos. Y a través de ellos confesó recurrentemente su devoción por sus paisanos Gabriel Miró y Azorín, por Miguel Delibes o por Manuel Azaña. Del genio creativo del político y escritor complutense llegó a escribir incluso cuando su nombre estaba proscrito. Le enorgullecía especialmente, por ello, el premio Ciudad de Alcalá de periodismo que se le concedió en 1985, que lleva el nombre de Azaña.Y de la defensa de su legado han quedado muchos testimonios más allá de sus artículos. El gran Francisco Umbral, por ejemplo, citó en una de sus columnas, en el diario El País, una carta que Antón le había mandado agradeciéndole calurosamente las buenas palabras que la había dedicado al autor de El jardín de los frailes en un artículo anterior. Tanto le sobrecogió al premio Cervantes su entusiasmo, que plasmó textualmente algunas de las frases de aquella carta, como el siguiente lamento: “Aquí en Alcalá, hasta hace poco, embadurnaban y destrozaban la lápida que recordaba que en aquella casa había nacido Azaña”.
Fervor, además de amistad, le profesaba Antón desde antiguo a Camilo José Cela. Y en vísperas de recibir el premio Cervantes en 1996, le hizo una entrevista antológica para las páginas de Diario de Alcalá, donde empezó a escribir en 1994. Lo siguió haciendo hasta comienzos de la década pasada, con su proverbial escritura vívida y depurada que, por encima de todo, traslucía un cariño imbatible por Alcalá, por su historia y por su paisaje.
La enfermedad y su avanzada edad hicieron que viviera recluido, en compañía de su familia, los últimos años de su vida. Su recuerdo y su obra seguirán viviendo en las hemerotecas. |