Alcalá de Henares • Actualidad • Cultura
126 alcalaínos contra el olvido
Pedro P. Hinojos - jueves 12 de enero de 2012 a las 12:58 horas
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Se cumplen 161 años de la fundación de la Sociedad de Condueños, que impidió el expolio de la Universidad Cisneriana tras su clausura en 1836

 

126 vecinos de Alcalá, entre los que se contaban ricos propietarios y comerciantes, catedráticos y religiosos, pero también albañiles, campesinos y tenderos, constituyeron el 12 de enero de 1851 la Sociedad de Condueños de los Edificios que fueron Universidad. Justo un mes antes, juntando todos sus ahorros, habían comprado por 90.000 reales la manzana de la Universidad Cisneriana, cuyo fachada plateresca pretendía desmontar su propietario, Javier de Quinto. El notario Gregorio Azaña, que 29 años después se convertiría en abuelo del niño Manuel Azaña, presidente de la Segunda República, dio fe de la constitución de aquella entidad que es hoy la más antigua de la sociedad local y un ejemplo pionero en España de la movilización cívica por el salvamento y la conservación del patrimonio histórico.

 

Por aquel entonces, la población de Alcalá apenas superaba los 4.000 habitantes. La ciudad universitaria que el cardenal Francisco Ximénez de Cisneros diseñó y mandó construir a comienzos del siglo XVI  no era más que un glorioso cementerio de arquitectura renacentista y barroca desde que el Gobierno mandará cerrar la institución en 1836 y trasladar los estudios a la nueva universidad de Madrid.

 

Los edificios fueron entregados a la subasta pública y por la Cisneriana apareció en 1845 una oferta de 50.000 reales a cargo del empresario Joaquín Alcober. Su intención era dedicar la centenaria sede de la academia complutense a criadero de gusanos de seda, cultivo de plantas de morera y taller de hilatura. El descabellado plan no se llevó a la práctica y dos años después la propiedad pasó a manos de otro potentado, Joaquín Cortés, que a su vez vendió el Colegio Mayor de San Ildefonso y todo el complejo que lo circunda al mencionado Javier de Quinto.

 

Además de liquidar  libros y obras de arte que pertenecían a los bienes muebles de la universidad, el nuevo dueño mandó trasladar las campanas de la capilla –que según se decía se fundieron con el bronce de los cañones de la conquista de Orán–, desmontar las cresterías del patio Trilingüe y echar abajo el histórico arco universitario con balconada que hacía ‘frontera’ entre la calle Pedro Gumiel y la plaza de Cervantes; entre el territorio universitario y el municipal. Cuando empezó a extenderse el rumor de que la piqueta acabaría también con la valiosa fachada de Gil de Hontañón, los paisanos se decidieron a intervenir y adquirieron la Cisneriana, que fue luego sede de la Academia de Caballería, colegio de los Escolapios y centro de formación de funcionarios, hasta que en 1977 la universidad retornó a Alcalá.

 

Algunos de los descendientes de aquellos alcalaínos siguen formando parte en la actualidad de la Sociedad de Condueños, que preside José Félix Huerta. Ellos son los poseedores de las 900 acciones en que fueron representados los 90.000 reales con los que se adquirió la manzana de la Universidad Cisneriana. Tales acciones, conocidas como  láminas, sólo pueden ser transferidas entre vecinos de Alcalá, con un máximo de diez por persona. De manera excepcional, y como reconocimiento a sus afanes en la recuperación de patrimonio histórico y artístico de la ciudad, la entidad ha hecho ‘condueños' a título institucional al Ayuntamiento, la Universidad y al Obispado.


Con sede institucional en la plaza de Cervantes, donde posee una valiosa biblioteca, la actividad pública de la Sociedad de Condueños es casi testimonial. Celebra una asamblea anual y cada curso entrega un premio a las mejores tesis doctorales de la Universidad. Además de contar con una calle en la zona de La Esgaravita, el Ayuntamiento le concedió la medalla de oro de la ciudad en 2001, con motivo de la conmemoración de su 150 aniversario.


Comentarios Sociales



Comentarios
R.K.
viernes 13 de enero de 2012 a las 09:22 horas
Huy, Josebas qué lío tienes y mira que te lo han explicado bien en la primera opinión. Ese patrimonio fué a parar a condes, duques, marqueses y personajes afines.
alvaro
viernes 13 de enero de 2012 a las 07:12 horas
El Javier de Quinto del siglo XXI se llama Bartolomé González y también se dedica a llevarse todo lo que pueda y dejar Alcalá como un solar.
josebas
jueves 12 de enero de 2012 a las 21:12 horas
Si la Universidad de aquella época defendía a la Iglesia y al Antiguo Régimen, no me extraña que vendieran sus edificios,siempre que fuese para que con el dinero obtenido se repartiera para que la gente pudiera comer, prefiero que en cada época las personas puedan comer a que conserven en pie las piedras que se han costruido vaya a saber usted con el sufrimiento de quién.
La verdadera historia
jueves 12 de enero de 2012 a las 18:48 horas
Quien destruyó el legado de la Universidad Complutense, quien la trasladó a Madrid robando sus pertenencias, quien expropió y vendió sus edificios a empresarios y potentados desaprensivos, fueron los liberales, los "progresistas" de entonces, para lo que alegaron que lo hacían por el bien de España y el progreso, por el bien de las clases necesitadas, cuando en realidad lo hacían como castigo al considerar que en la Universidad Complutense tenían refugio sus enemigos políticos, para conseguir ingresos extras con las expropiaciones porque la hacienda pública estaba en quiebra y para inflar el centralismo madrileño. Alcalá era considerada una plaza afín al Antigua Régimen y a la Iglesia Católica y se la castigó.
Los progresistas del siglo XIX ya mentían y destrozaban lo edificado durante siglos. Los actuales quieren cambiar la historia al no explicar con claridad por qué se robo la universidad a Alcalá sumiéndola en la pobreza y el olvido. Gracias a una parte de complutenses heróicos hoy los edificios siguen en pie y con uso universitario, no porque los políticos hiciesen nada para evitarlo ¿Les recuerda todo esto algo relacionado con la actualidad?
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