Alcalá de Henares • Actualidad • Cultura
De niño triste a trágico estadista
Pedro P. Hinojos - martes 10 de enero de 2012 a las 13:08 horas
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Se cumplen 132 años del nacimiento de Azaña, marcado en su intensa trayectoria vital, intelectual y política por una infancia desgraciada.

 

“Un espíritu tierno, como de niño, ambicioso de amor, empieza luego a tejer un capullo donde encerrarse con lo mejor de su vida, con todas esas apetencias, generosas o no pero fervientes, que el mundo desconoce o pisotea”. Manuel Azaña recordaba con estas palabras en El jardín de los frailes (1927) la melancolía y la soledad de su niñez; sentimientos que, apenas matizados por las circunstancias, no dejaron de acompañarle a lo largo de toda su existencia.

 

Esta comenzó hace en estos días 132 años, concretamente el 10 de enero de 1880, en el número 3 de la calle de la Imagen, caserón familiar que aún hoy se conserva y en el que habita en la actualidad su sobrina nieta María José Navarro Azaña. Fue el segundo de los hijos de matrimonio formado por Esteban Azaña Catarinéu y Josefa Díaz Gallo. El  abuelo, Gregorio Azaña Rojas, fue notario y una de las personalidades principales de la sociedad complutense de mediados del XIX. Su hijo Esteban destacó por muchas actividades: fue un emprendedor hombre de negocios,  culminó su carrera política como alcalde de la ciudad y dio rienda suelta a su afición por los archivos y los viejos documentos escribiendo una Historia de Alcalá de Henares que aún hoy es obra de referencia en la historiografía local.

 

La infancia de Manuel, que estudió junto a sus hermanos Gregorio, Carlos, Josefina y Concepción en el colegio de los Padres Escolapios, fue cómoda y despreocupada, como hijo de buena familia que era, hasta 1889. Ese año se produjo un verdadero cataclismo al morir su madre y su abuelo. Y un año después la orfandad se completó con el fallecimiento del padre. De estos duros episodios dio cuenta en parte en su novela La vocación de Jerónimo Garcés, escrita en 1904 y hallada por el historiador y azañista Santos Juliá, que la incorporó a las Obras Completas editadas en 2007. En ese relato de corte autobiográfico, Azaña utiliza el ‘disfraz’ de Garcés y rememora como, con apenas 9 años, fue despertado de madrugada y una sirvienta le condujo a la cama de su madre agonizante. Esta lo recibió en sus brazos, cayendo en ellos “como en un mar de amargura”. “Algo se rompió en mí que ya no nacerá jamás”, confiesa Garcés-Azaña, un gesto que, según Juliá, “nada tiene que ver con el estereotipo de hombre frío e insensible que le persiguió” y que justifica, al mismo tiempo, “la tristeza que siempre le acompañó, así como la pena, la sensación de pérdida que le asaltaba siempre que volvía a Alcalá”.

 

Enseguida empezó Azaña a poner distancia con su ciudad natal. Sus estudios en El Escorial, Zaragoza y Madrid se orientaron a las leyes, doctorándose en 1900, e intentó sin mucho éxito dedicarse a los negocios familiares. Más provechosa fue su faceta como periodista,  participando en diversas publicaciones alcalaínas y fundando con unos amigos, en 1910, la revista satírica La Avispa. Los inicios de su compromiso político también tuvieron como escenario Alcalá: el 4 de febrero 1911 leyó en la Casa del Pueblo la conferencia El problema español, cuyo centenario se ha celebrado este año y que ha sido recordado por sendos ciclos de conferencias organizados por la Agrupación Socialista alcalaína y el Foro del Henares.

 

En 1913 fue elegido secretario del Ateneo de Madrid e ingresó en el Partido Reformista, iniciando así su relación con los círculos de la alta intelectualidad española. Bajo la dictadura de Primo de Rivera abandonó el Partido Reformista y se declaró partidario de la República, fundando Acción Republicana (1925); al mismo tiempo se consagró como celebridad literaria con la publicación de obras como la mencionada El jardín de los frailes o Vida de don Juan Valera, que le valió el premio Nacional de Literatura en 1926.

 

En 1930 accedió a la presidencia del Ateneo y se sumó al Pacto de San Sebastián contra la monarquía. Al proclamarse la República el 14 de abril de 1931, Azaña se integró en el gobierno provisional como ministro de la Guerra. Participó en las Cortes constituyentes y asumió la Presidencia del Consejo de Ministros cuando el presidente Alcalá-Zamora dejó el gabinete. Como jefe de un gobierno formado por socialistas y republicanos de izquierdas (1931-33), promovió un ambicioso plan de reformas que no contentó a nadie: los conservadores lo consideraron excesivo y los partidos y sindicatos insuficiente.

 

En 1934 fusionó su partido con los radicales, formando Izquierda Republicana, que a su vez se integró en el Frente Popular que ganó las elecciones del 36. El 10 de mayo fue elegido presidente de la República y dos meses después estalló la Guerra Civil. Tras varios intentos tardíos por parar la contienda, el 30 de enero de 1939 se acordó su salida a Francia. El 5 de febrero inició el exilio cruzando la frontera francesa.

 

Un año más tarde, en febrero de 1940, se le declaró una  enfermedad cardiaca y tras estancias en diversas localidades, y con el acoso de la Gestapo y los agentes de Franco en la Francia ocupada por los nazis, Azaña y su mujer, Dolores de Rivas Cherif, quedaron recluidos y aislados en la localidad de Montauban. Fue allí, solo y quien sabe si encerrado en lo mejor de su vida, donde Manuel Azaña murió el 3 de noviembre de ese mismo año.


Comentarios Sociales



Comentarios
Pepito Grillo
martes 10 de enero de 2012 a las 18:04 horas
Creo que Izquierda Republicana nació de la unión de Acción Republicana (Azaña), Organización Republicana Gallega (ORGA) y Partido Republicano Radical Socialista Independiente (Domingo y Albornoz), el 3 de abril de 1934. Este último era una excisión del Partido Republicano-Socialista, que a su vez se había excindido del Parido Republicano Radical de Lerroux (1929)
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