Todos los edificios históricos guardan ventanas al pasado. Aunque en algunos son más evidentes y espléndidas. Así ocurre en el monasterio de San Bernardo. Las obras de rehabilitación que se están acometiendo en su interior, con vistas a retomar las visitas turísticas, el culto religioso e incluso el uso residencial, están permitiendo rescatar viejos espacios y adornos, y descubriendo otros nuevos. Unos y otros trasladan a la edad dorada de Alcalá, los siglos XVI y XVII, un tiempo que ha quedado bajo custodia tras los macizos muros de este convento.
Las Bernardas es mucho más que su espectacular iglesia con su formidable cúpula elíptica tatuada con dibujos geométricos. Ya lo sabían en la oficina técnica del Obispado, con el arquitecto José Luis González a la cabeza, cuando redactaron el plan director de rehabilitación de este conjunto barroco, que está cuantificado en más de 14 millones de euros. Pero no imaginaban cuanto.
“Esta es, según muchos, la mejor obra de Juan Gómez de Mora; una verdadera joya del Barroco. Pero además ha tenido la virtud de congelar el entorno, tal y como era hace siglos”, explica González, muy satisfecho con la finalización de la primera fase de la recuperación: la casa de la Demandadera. Más de 850.000 euros de presupuesto (el 75% procedente del Ministerio de Fomento) han permitido remozar esta estrecha casa que conecta el palacio Arzobispal con la iglesia y el convento. En ella vivía la demandadera, la persona encargada de la economía de la comunidad, comprando en el exterior todo lo necesario para el día a día, y vendiendo lo que se producía en la huerta del convento. Allí también se encontraba el torno donde las monjas, pertenecientes a la orden del Císter, mantenían contacto con el exterior; así como el acceso del arzobispo desde el palacio a la iglesia para escuchar misa.

Aspecto de la ventana plateresca del palacio
Arzobispal ‘redescubierta’ tras las obras
Amplias y luminosas estancias ocupan ahora la casa, que se adosó al muro norte del Arzobispal, del que le separa un patio acristalado desde donde se puede admirar una formidable ventana plateresca que evoca el esplendor perdido del palacio: “La mejor ventana de Alcalá”, sentencia el arquitecto de la Diócesis. Pero los restauradores han hecho más descubrimientos en en esta ‘nevera’ no solo arquitectónica, pues a falta de calefacción el frío cala hasta los huesos. Buen indicador de ello es el pozo de agua gélida y cristalina que se ha conservado en una de las salas. También se han hallado en el muro norte del palacio marcas e incisiones de posibles troneras, “lo que indica que aquí pudo haber un torreón de esquina, como el torreón del Tenorio que hay en el extremo opuesto”, apunta González; e incluso se han identificado sillares que proceden inequívocamente de Complutum, la ‘cantera’ de la Alcalá medieval y renacentista.
El remozamiento de las ventanas y balcones que dan a la plaza de las Bernardas, y que permiten una perspectiva insólita de la misma y del palacio, así como del ‘torreón de las vistas’, un mirador con celosías desde donde las hermanas se recreaban oteando el exterior a salvo de miradas; completan la restauración de la casa. En ella se controlará el acceso de los visitantes cuando se abra el museo diocesano y se retomen las visitas turísticas. Además hay espacio para una tienda y una pequeña sala de exposiciones o conferencias. Incluso se han acondicionado varias estancias para ser usadas como residencia de religiosos.
Pero esta fase sólo es el principio. En estos días las cubiertas y el chapitel de la iglesia están forrados de andamios para unas labores de restauración que deberán estar concluidas antes del mes de marzo para no interferir en el periodo de cría de los cernícalos primilla que anidan también en esta edificación. Y cuando concluya esta actuación, se comenzará a trabajar en la reforma del claustro menor del convento. En total, incluida la Demandadera, alrededor de 1,8 millones de inversión, la mayoría procedente de la Administración central.
Quedará aún mucho por rehabilitar, “pero nos conformamos con que podamos hacer cada año una pequeña parte, como hasta ahora, que es un verdadero privilegio en tiempo de crisis”, afirma José Luis González. Todas esas fases futuras del plan director alumbrarán, a buen seguro, nuevos hallazgos. Porque se recuperará la traza de la vieja calle Segovia, que acababa en la puerta de Burgos, el último acceso a la Alcalá medieval que aún nos queda en pie, así como otros retazos del urbanismo que existía en estos terrenos antes de la construcción del convento. Por ejemplo, en el antiguo huerto del monasterio existe una casa que es el único vestigio de la Almanxara, el barrio morisco que existió en la ciudad durante siglos. Y esto solo puede ser el comienzo de la ‘descongelación’.
Pedro P. Hinojos |