Alcalá de Henares • Actualidad • Sociedad
El lujo de vivir en la Calle Mayor
Redacción - miércoles 14 de diciembre de 2011 a las 10:05 horas
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Tener una vivienda en la principal vía de la ciudad supone un coste monumental, en dinero y esfuerzo, para adecuarla al siglo XXI.

 

Tener una casa en el corazón del patrimonio complutense es un privilegio, pero también supone más de un quebradero de cabeza. Una gran parte de las viviendas, sujetas unas con otras, conserva aún su estructura original, de adobe y madera, que con el paso de los siglos se fue sobrecargando con plantas y ladrillos. Y su reforma resulta a día de hoy muy costosa, inasumible para algunos propietarios, que deben conservar su estructura original, restaurar aquellos elementos con valor artístico y pasar por el visto bueno municipal.   

   
La reforma de la casa que José Luis Viñuelas comparte con otros tres propietario, construida hace al menos 200 años, costará un total de 434.000 euros más IVA. El Ayuntamiento les exigió rehabilitarla porque existía un peligro inminente de derrumbe. Encargaron la obra a Estudio de Arquitectura, especialista en rehabilitaciones en el entorno del Casco Histórico. Así que vaciaron el edificio hasta dejarlo solo en la madera que la sujetaba para comenzar desde ahí a reproducir su estructura con los materiales propios del siglo XXI.  

 

“Mantener un edificio antiguo en la calle Mayor cuesta mucho: no tienen cimentación, ni paredes aislantes, todas las casas tienen problemas de humedades... Así que muchos propietarios hacen un lavado de cara para poder seguir habitándolas”, afirma Carlos Casuso, encargado de la obra. La de José Luis era “una casa de pobres”, dice Carlos, teniendo en cuenta la calidad de la madera de sus vigas y que en otras viviendas esas mismas vigas eran de madera labrada.     

 

“En todas estas casas la estructura era de madera y barro. La parte superior se empleaba para almacenar la paja. Y según pasaban los siglos y perdieron ese uso, y hacían falta más habitaciones, se construían plantas en altura y se sobrecargaban de peso, utilizando la misma estructura. Las casas se apoyan unas en otras, y aguantan por presión”, explica Carlos. 

 

Para reformar la casa de José Luis tendrán que realizar catas arqueológicas, conservar la altura del tiro de la escalera, mantener el patio castellano, restaurar la cerrajería de los balcones del siglo XVIII... Y quizá mantener también su fachada, partida en cinco sitios. Todo por conservar la esencia que hace de su vivienda un lugar único e histórico.

 

 

La suntuosidad y la ruina de la Calle Mayor

Son más las casas en la calle Mayor para las que la rehabilitación no podía esperar más tiempo. Pero ser propietario de un edificio protegido desde el punto de vista arquitectónico a veces puede resultar ruinoso. Es, por ejemplo, el caso del edificio cuya planta baja ocupó durante años la tienda de vestidos Lisbeth, cuyo suelo se hundió, y cuya estructura la sujetan ahora los 500 puntales que hay en su interior. Su reforma superaría los 400.000 euros, un coste difícil de asumir, y sus propietarios deben abonar el alquiler de las estructuras metálicas que impiden que se caiga. 

 

“Esta casa a día de hoy es invendible. Hace años habría sido complicado venderla, pero ahora es imposible. Mucha gente se interesa y viene a preguntar, pero cuando se enteran del dinero que costaría la rehabilitación y de la dificultad que supone obtener los permisos, se echan para atrás”, confiesan en la inmobiliaria que se encarga de su venta. Dicen que en la actualidad no tienen en venta ninguna otra vivienda en la calle Mayor, “gracias a Dios”. Y es que el tiempo y la crisis no pasan en balde. 

 

Marina de la Cruz.


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La casa de José Luis Viñuelas en el esqueleto hace unas semanas.