“La opinión de todo el pueblo es que ha sido una estafa en toda regla, y aquí da igual que sea el PP, el PSOE o el que sea”. Lo asegura Corpus Real, un vecino de Villabilla, en uno de los bares del municipio donde el recurrente tema de conversación son los gastos en llamadas de teléfono móvil, los 413 mensajes que el anterior alcalde, Iván Borrego, envió para participar en el sorteo de un Porsche y el espíritu viajero del propio alcalde o de la concejala de Hacienda, Nora García. Ambos llamaron desde los móviles que pagó el Consistorio desde lugares como Jordania, Jamaica, República Dominicana, Bostwana, Turquía, Finlandia o los Estados Unidos.
“Vergüenza” o “golfada” son algunas de las palabras que algunos de los vecinos de Villalbilla repiten cuando se les pregunta por los viajes por los cuatro continentes, de los desmesurados gastos de móvil de los ediles del equipo de Gobierno liderado por Iván Borrego o la deuda municipal.
En Villalbilla gobierna de nuevo la Plataforma Independiente Municipal (PIM) pero en las elecciones generales el voto es mayoritariamente del PP. Así sucedió el 20-N, que volvió a rondar el 60%, igual que en las generales de 2008. Sin embargo, el voto local es distinto y la indignación con el exalcalde, Iván Borrego, y Nora García es manifiesto. “Tengo amigos del PP avergonzados de la actitud de estos elementos”, sostiene Corpus Real, mientras sus compañeros de tertulia en un céntrico bar asienten.
La mayoría de los consultados coincide en que tienen devolver todo el dinero que se han gastado, pero el descrédito de la clase política se refleja en el comentario en forma de pregunta que se plantea un jubilado: “¿Has visto algún político que devuelva lo que se llevó?”. También coinciden en que la responsabilidad debe ir más allá de la política y que la Fiscalía debe tomar cartas en el asunto.
Claro, que también hay otros vecinos que ven en el Tío la Vara, el personaje del cómico José Mota, la solución para obligar a los concejales que abusaron del teléfono móvil a devolver lo que se gastaron. Tras levantar y enseñar su bastón no duda en afirmar que “la mejor ley es ésta, si todo el pueblo les siguiera con un palo, así se arreglarían las cosas”.
José L. Enríquez |