La hora más fuerte del día son las 12 de la mañana, pero muchos comerciantes la esperan ya con los brazos cruzados. Saben que serán pocas las personas que caminen por los pasillos de las galerías, unas galerías por las que hace tan solo unos años “no se podía ni andar” de la gente que había en ellas comprando. La crisis, la vejez del barrio y los nuevos hábitos de compra han empezado a acabar con algunos de los negocios de las Galerías León, en la zona de Reyes Católicos. Otros, sin embargo, se resignan a que pase la tormenta y esperan con ánimo el día 10 de cada mes. “Hay más movimiento de clientes cuando la gente cobra el paro”, aseguran.
No será el fin de las galerías –o por lo menos todavía no–, pero lo cierto es que el camino por la crisis se está haciendo bastante duro. Más pérdidas que beneficios son los resultados de algunos meses, aunque la mayoría de los comerciantes se resignan a abandonar un mercado que, sin duda, vivió tiempos mejores. Muchos llevan allí desde que se inauguró hace ya casi tres décadas, y los dos últimos años, destacan, han sido los peores de su existencia.
“Si hace 15 años me dices que iba a estar 20 minutos aquí parado charlando tranquilamente no me lo hubiera podido creer”. Son las 11.30 de la mañana y, en media hora, por la charcutería de Roberto Moreno tan solo ha pasado una mujer a comprar una morcilla. “Antes venían las madres a por embutido para los bocadillos, pero el barrio ha ido envejeciendo y los niños, que ya han crecido, se han mudado a otros sitios”, explica. Así, el puesto, que a esta hora ya tendría que estar notando una amplia afluencia de clientes, se encuentra vacío.
“Lo peor comenzó hace dos años, y el 2011 está siendo un desastre. Los trabajadores, que venían a por el almuerzo, han perdido su empleo y ahora a la gente le da mucho miedo gastar dinero. Además, tenemos una competencia muy fuerte con negocios como el Ahorramás. Al estar abierto durante todo el día es más cómodo para mucha gente”, lamenta.
La única solución: “Compensar los beneficios de cada mes”. Nunca es una ganancia excesiva, dice, pero sirve para mantener un puesto que muchos compañeros se han visto obligados a cerrar.
se alquila. Fábricas, comercios o jubilación fueron los destinos de algunos compañeros que se vieron obligados a dejar las galerías por la escasez de clientela. “Yo si tuviera una cosa mejor me iría”, confirma Jesús Moreno. Lleva una década trabajando en este mercado y asegura que ahora cuando más movimiento hay es el día 10, “cuando la gente cobra el paro”.
Su puesto ha pasado de colas interminables a tener “un cliente, dos, ninguno, tres...”. “La gente ya no se gasta 30 euros como hacía antes, ahora vienen los clientes y, como la mujer que acaba de venir, pide dos lonchas de panceta o lo que les va haciendo falta”.
Sin embargo, su situación no es de las peores. En la segunda planta por lo menos seis puestos ya han echado el cierre y los que se mantienen, luchan por sobrevivir. “A esta hora tendría que tener a 40 mujeres en la cola de la frutería. Ahora solo hay 10. En cuestión de dos años esto se ha ido abajo”, destaca José Vallejo. Su táctica: las ofertas. “Tengo 5 kilos de patatas a un euro. Eso no se ha visto nunca, pero no puedo hacer otra cosa”.
No hay más remedio, indican, que aguantar el temporal, aunque muchos están dispuestos a adaptarse a los tiempos que corren. “En nuestra contra va el tema de los horarios. Si tuvieramos más flexibilidad y abrieramos, por ejemplo, de 8 a 16 horas, vendría más gente. Es algo que ya se está haciendo en mercados de Barcelona, por ejemplo. Pero para ello hay que llegar a un acuerdo y no a todos los comerciantes les parece bien”, aclara Miguel Ángel Martínez. Otros esperan que con el nuevo cambio de Gobierno la situación mejore y se vuelva a levantar este mercado que no había visto los pasillos tan vacíos “nunca”.
La hora más fuerte del día son las 12 de la mañana, pero muchos comerciantes la esperan ya con los brazos cruzados. Saben que serán pocas las personas que caminen por los pasillos de las galerías, unas galerías por las que hace tan solo unos años “no se podía ni andar” de la gente que había en ellas comprando. La crisis, la vejez del barrio y los nuevos hábitos de compra han empezado a acabar con algunos de los negocios de las Galerías León, en la zona de Puerta de Madrid. Otros, sin embargo, se resignan a que pase la tormenta y esperan con ánimo el día 10 de cada mes. “Hay más movimiento de clientes cuando la gente cobra el paro”, aseguran.
No será el fin de las galerías –o por lo menos todavía no–, pero lo cierto es que el camino por la crisis se está haciendo bastante duro. Más pérdidas que beneficios son los resultados de algunos meses, aunque la mayoría de los comerciantes se resignan a abandonar un mercado que, sin duda, vivió tiempos mejores. Muchos llevan allí desde que se inauguró hace ya casi tres décadas, y los dos últimos años, destacan, han sido los peores de su existencia.
“Si hace 15 años me dices que iba a estar 20 minutos aquí parado charlando tranquilamente no me lo hubiera podido creer”. Son las 11.30 de la mañana y, en media hora, por la charcutería de Roberto Moreno tan solo ha pasado una mujer a comprar una morcilla. “Antes venían las madres a por embutido para los bocadillos, pero el barrio ha ido envejeciendo y los niños, que ya han crecido, se han mudado a otros sitios”, explica. Así, el puesto, que a esta hora ya tendría que estar notando una amplia afluencia de clientes, se encuentra vacío.
“Lo peor comenzó hace dos años, y el 2011 está siendo un desastre. Los trabajadores, que venían a por el almuerzo, han perdido su empleo y ahora a la gente le da mucho miedo gastar dinero. Además, tenemos una competencia muy fuerte con negocios como el Ahorramás. Al estar abierto durante todo el día es más cómodo para mucha gente”, lamenta.
La única solución: “Compensar los beneficios de cada mes”. Nunca es una ganancia excesiva, dice, pero sirve para mantener un puesto que muchos compañeros se han visto obligados a cerrar.
Se alquila Fábricas, comercios o jubilación fueron los destinos de algunos compañeros que se vieron obligados a dejar las galerías por la escasez de clientela. “Yo si tuviera una cosa mejor me iría”, confirma Jesús Moreno. Lleva una década trabajando en este mercado y asegura que ahora cuando más movimiento hay es el día 10, “cuando la gente cobra el paro”.
Su puesto ha pasado de colas interminables a tener “un cliente, dos, ninguno, tres...”. “La gente ya no se gasta 30 euros como hacía antes, ahora vienen los clientes y, como la mujer que acaba de venir, pide dos lonchas de panceta o lo que les va haciendo falta”.
Sin embargo, su situación no es de las peores. En la segunda planta por lo menos seis puestos ya han echado el cierre y los que se mantienen, luchan por sobrevivir. “A esta hora tendría que tener a 40 mujeres en la cola de la frutería. Ahora solo hay 10. En cuestión de dos años esto se ha ido abajo”, destaca José Vallejo. Su táctica: las ofertas. “Tengo 5 kilos de patatas a un euro. Eso no se ha visto nunca, pero no puedo hacer otra cosa”.
No hay más remedio, indican, que aguantar el temporal, aunque muchos están dispuestos a adaptarse a los tiempos que corren. “En nuestra contra va el tema de los horarios. Si tuvieramos más flexibilidad y abrieramos, por ejemplo, de 8 a 16 horas, vendría más gente. Es algo que ya se está haciendo en mercados de Barcelona, por ejemplo. Pero para ello hay que llegar a un acuerdo y no a todos los comerciantes les parece bien”, aclara Miguel Ángel Martínez. Otros esperan que con el nuevo cambio de Gobierno la situación mejore y se vuelva a levantar este mercado que no había visto los pasillos tan vacíos “nunca”.
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