Alcalá de Henares • Actualidad • Cultura
Alcalá, San Diego y el hombre que pudo reinar
Redacción - viernes 20 de enero de 2012 a las 13:31 horas
Bookmark and Share
 

Muere atropellado Alfonso de Bourbon, supuesto nieto de Alfonso XIII, que medió en el intento de hermanamiento con la ciudad californiana.

 

La ciudad norteamericana de San Diego, en el estado de California, fue bautizada así por el santo complutense. De ahí que cada cierto tiempo visiten Alcalá y, en particular la Catedral Magistral donde reposa la momia del venerable franciscano, grupos de californianos ansiosos por conocer sus raíces. Este vínculo pudo haber sido más estrecho de haber fructificado el hermanamiento entre ambas ciudades que tuvo como mediador a un peculiar personaje, Alfonso de Bourbon, que presumía ser familiar directo del rey y que acaba de fallecer a los 83 años.   


Aseguraba ser el  hijo de Alfonso de Borbón, primogénito de Alfonso XIII, aunque no poseía más prueba de ello que el asombroso parecido físico. Alfonso de Bourbon Sampedro, que tal era el nombre del supuesto primo del rey Juan Carlos, nunca reivindicó sus derechos al trono español, pero se ganó la vida con sus modales aristocráticos  y una cultura cosmopolita entre la alta sociedad ciudad californiana de San Diego, donde se instaló en 1975 tras criarse en Suiza, estudiar en la Sorbona y Heidelberg y trabajar como traductor para la ONU en Nueva York . Y el mejor ejemplo de su implicación en la comunidad sandieguina fue su intento de hermanarla con Alcalá, la ciudad donde reposan los restos del santo, hace ahora treinta años.


Su mediación no tuvo fruto pero en los últimos días se ha recordado a consecuencia de su muerte, ocurrida  en trágicas circunstancias en el exclusivo barrio de La Jolla, donde tenía su residencia. Porque el elegante y educado Bourbon murió arrollado por un camión cuando se entregaba a su afición por rebuscar en los contenedores de basura. Los periódicos de San Diego han calificado con indulgencia de “extraña costumbre” la manía de este distinguido y amable vecino, al que conocían como ‘El Conde’ o ‘El Príncipe’, habitual de las bibliotecas y las librerías y también de las fiestas más exclusivas, a las que acudía sin invitación, y restaurantes de lujo, donde pedía a sus amigos que le invitaran.
De ese punto excéntrico también hizo gala en sus visitas a Alcalá a comienzos de los años 80, cuando actuó de enlace entre el ayuntamiento de San Diego y el de Alcalá.  “Era una persona verdaderamente peculiar”, apunta el Cronista de la Ciudad, Vicente Sánchez Moltó, quien recuerda al menos tres visitas de Alfonso de Bourbon a Alcalá entre 1980 y 1983, siendo alcalde Carlos Valenzuela y concejal de Cultura, José María Bustamante. “El nunca aclaró el parentesco que tenía con la familia real española; simplemente decía que tenía relación con ella. Vestía de manera elegante, era una persona muy educada y hablaba perfectamente castellano, aunque con un fuerte acento extranjero. De hecho, nos corregía cada vez que le presentábamos como Alfonso de Borbón. Él aclaraba que su apellido era como el original francés, Bourbon”, rememora Moltó.


El hermanamiento no se pudo consumar por razones esencialmente económicas: “Solo el coste de los viajes a California  era inasumible para un ayuntamiento que apenas tenía dinero y que se veía acuciado por necesidades mucho más urgentes en la ciudad”, explica el cronista. El vínculo quedó ceñido a las visitas que con cierta regularidad hacían, y aún hacen, grupos de sandieguinos a Alcalá.

‘príncipe’ abandonado. Muchos vendrían recomendados por Alfonso de Bourbon, que llegó a presidir la sociedad Ciudades Hermanas San Diego-Alcalá y que, en la medida de sus posibilidades, divulgó la historia y la cultura española entre sus convecinos apelando a su linaje y sus raíces familiares. Y eso que, de ser ciertos estos, más bien podrían producirle rencor y amargura. Porque, según su testimonio, él fue el fruto del matrimonio entre Alfonso de Borbón y Battenberg, que renunció al trono español, y Edelmira Sampedro, heredera de una rica familia cubana. Nació en la ciudad suiza de Lausana y al poco de llegar al mundo fue entregado a una comunidad de monjas. No conoció a su padre, que murió en un accidente de tráfico en Miami cuando él tenía seis años; y su madre se desentendió de él, dejándole a cargo de las religiosas, que lo criaron. Oficialmente la pareja no tuvo hijos. 


Fueron las monjas las que le contaron esta historia, aunque siempre careció de documentos que acreditaran su filiación. Lo único que esgrimía era una pequeña foto de su abuelo Alfonso XIII, que siempre llevaba en el bolsillo para demostrar que, en efecto, era su vivo retrato.

 

Pedro P. Hinojos.


Comentarios Sociales



Comentarios

ENVÍA TU OPINIÓN
 
Nombre y Apellidos Correo Electrónico (*) Clave Publicación (*)
Comentario:

Imagen de Verificación:
Escriba el Código:

* Campos Opcionales
 
Alfonso de Bourbon en una imagen de los años 70.